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Así se enteró el Felipe VI de las infidelidades de su padre, el rey emérito Juan Carlos I
Publicado
hace 1 añoen
La periodista y escritora Pilar Eyre ha desvelado en el programa TardeAR cómo el rey Felipe VI conoció las infidelidades de su padre, el rey emérito Juan Carlos I. Según Eyre, la noticia llegó a través de una llamada telefónica entre el entonces príncipe de Asturias y su hermana, la infanta Elena, en la que discutieron el papel de Corinna Larsen, conocida como una de las amantes más mediáticas del monarca.
Pilar Eyre relató en directo cómo la infanta Elena fue quien informó a su hermano sobre la relación de su padre con Corinna. En la conversación, Felipe mencionó que había conocido a Corinna durante los Premios Laureus en Barcelona, describiéndola como una mujer simpática que incluso había conversado con la reina Letizia. Sin embargo, Elena, con un tono tajante, le aclaró que Corinna no era solo «amiga de papá», sino una de sus amantes.
«Es verosímil que los hijos sean los últimos en enterarse», explicó Eyre. Según la periodista, Felipe VI reaccionó con incredulidad, defendiendo que Corinna era una asistenta de su padre y negando cualquier otra implicación. Fue Elena quien, molesta por la ingenuidad de su hermano, le reveló la verdad sobre la relación entre Corinna y Juan Carlos I.
Según Pilar Eyre, tanto Felipe VI como la infanta Elena se enteraron de estas infidelidades en el año 2007, el mismo momento en el que «todos los españoles» comenzaron a conocer los detalles de la relación del rey emérito con Corinna Larsen. Este episodio marcó un antes y un después en la percepción pública de la Casa Real y en la relación entre los hijos y su padre.
Juan Carlos I no solo tuvo una relación con Corinna Larsen; otras figuras también han sido señaladas como parte de su vida personal. Bárbara Rey, por ejemplo, ha hablado públicamente sobre su relación con el monarca, lo que ha generado una gran atención mediática y polémica. Las múltiples relaciones extramatrimoniales del emérito han sido objeto de escrutinio, afectando la imagen de la monarquía española.
La periodista Pilar Eyre recordó cómo estas revelaciones afectaron a la Casa Real y a la opinión pública, describiendo el 2007 como un año decisivo en el que tanto los hijos del rey como el resto de España empezaron a ser conscientes de las infidelidades.
Durante la llamada, según Eyre, Felipe VI mostró incredulidad al principio, defendiendo la posición de su padre. Según Pilar, Felipe argumentó que Corinna tenía «los mismos honores que mamá» y que había compartido viajes oficiales con la reina Sofía. Sin embargo, la infanta Elena, con un tono más directo, rompió esa visión idealizada, señalando a Larsen como una figura central en las polémicas del emérito.
Este tipo de revelaciones sobre la vida privada de Juan Carlos I han contribuido al desgaste de su imagen pública, generando un impacto directo en la percepción de la monarquía española. El distanciamiento del rey Felipe VI respecto a las polémicas de su padre ha sido una estrategia clave para intentar restaurar la confianza en la institución.
La historia relatada por Pilar Eyre en TardeAR arroja luz sobre un momento crucial en la vida del rey Felipe VI, mostrando cómo descubrió las infidelidades de su padre. Estos episodios no solo han marcado la relación familiar, sino que también han influido en la percepción pública de la monarquía en España.
En el especial televisivo Bárbara Rey, mi verdad, emitido por Telecinco, la exvedette Bárbara Rey compartió detalles inéditos sobre su relación con el rey emérito Juan Carlos I. Durante la entrevista, no solo habló de su polémica historia de amor, sino que también reveló los nombres de otras dos amantes del exmonarca: Nadiuska, una conocida actriz, y una empresaria cuya identidad no ha sido revelada.
Bárbara Rey describió cómo empezó su relación con el anterior jefe de Estado y cómo los encuentros se volvieron frecuentes:
«Nos veíamos todas las semanas siempre que él podía. A veces incluso buscaba la forma de verme a pesar de sus compromisos oficiales».
La exvedette confesó que, aunque mantenían una relación íntima, nunca sintió que Juan Carlos tuviera un verdadero cariño hacia ella:
«Las ganas sexuales las satisfacía conmigo, pero yo nunca me sentía feliz después de verlo. Conmigo era muy agarrado; ni flores ni grandes detalles, solo cosas pequeñas como un par de pulseras o dos cortes de vestido de seda que trajo de China».
Bárbara también mencionó cómo descubrió que no era la única en la vida del emérito. Según ella, los detalles físicos del rey, que solo alguien cercano podría conocer, le hicieron confirmar los rumores que otras mujeres comentaban.
Aunque Bárbara había escuchado rumores sobre otras mujeres, como San Mozarowsky, señaló que la única relación que el rey emérito le confirmó fue con Marta Gayá, una socialité muy cercana a Juan Carlos. Además, Bárbara reveló en el programa el nombre de otra amante: Nadiuska, una actriz muy conocida en la época.
Durante el especial, Bárbara habló del dinero que recibió del rey Juan Carlos para que no revelara públicamente su relación. Sin embargo, negó que se tratara de un chantaje:
«No lo llamaría chantaje, sino un préstamo. Yo necesitaba ayuda económica para pagar mi casa y el colegio de mis hijos, así que le entregué fotografías, pero me quedé con algunas».
Según Bárbara, recibió 25 millones de pesetas en un banco suizo y le prometieron 100 millones más, que nunca llegaron.
«Yo nunca he tomado el dinero de los españoles. Pedí ese dinero porque necesitaba trabajar y mantener a mis hijos», aclaró, al tiempo que mencionó que pedirá explicaciones legales para saber si los fondos provenían de los Presupuestos Generales del Estado.
Otro de los temas que abordó fue cómo su relación con el rey le costó oportunidades laborales. Bárbara narró cómo perdió un papel en la popular serie Los ladrones van a la oficina, donde iba a interpretar a la esposa de Antonio Resines.
«Rechacé ese papel porque me ofrecieron otro proyecto, pero finalmente me enteré de que el veto venía del rey. No querían que trabajara en ninguna de las series».
Este veto la llevó a tomar la decisión de grabar sus conversaciones con el monarca como medida de protección.
Las confesiones de Bárbara Rey en Bárbara Rey, mi verdad reabren el debate sobre la vida privada de Juan Carlos I y sus implicaciones públicas. Las revelaciones sobre otras amantes y las presiones que enfrentó Bárbara en su carrera profesional arrojan luz sobre un capítulo controvertido de la historia de la monarquía española.
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Publicado
hace 6 horasen
1 enero, 2026
Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.
Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.
Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.
El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.
Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.
El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.
La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.
El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.
El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.
El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.
El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.
Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.
Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.
Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.
El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.
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