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Sucesos

La «manada de Callosa», condenada a entre 14 y 18 años de cárcel

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Alicante, 16 jul (EFE).- Los cuatro miembros de la conocida como ‘manada de Callosa’ de Alicante han sido condenados a penas entre los 14 y 18 años de prisión por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial por la violación en grupo sufrida por una joven el día de Año Nuevo de 2019 en la localidad de Callosa d’en Sarrià.

Notificada este viernes a las partes, según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV), la sentencia declara a cada uno de los penados autor de un delito continuado de agresión sexual por su participación directa en los hechos, y cooperador necesario de los tres delitos del mismo tipo penal cometidos por cada uno de los otros tres coacusados.

A dos de ellos, además, la Sala les condena por un delito de descubrimiento y revelación de secretos porque fotografiaron o grabaron con sus teléfonos móviles los hechos.

Según declara probado la resolución judicial, los acusados coincidieron con la víctima, entonces de 19 años, en la zona de ocio de Benidorm durante la celebración de la Nochevieja de 2018, y siguieron con ella de fiesta.

En las horas posteriores acudieron a un domicilio de Benidorm, donde la chica fue agredida sexualmente por dos de los hombres, y al sótano de la vivienda de Callosa d’en Sarrià de uno de ellos, quien volvió a agredirla sexualmente mientras los demás participaban directamente o cooperaban de alguna manera en esa violación.

La víctima «fue menospreciada y reducida a un mero objeto sexual de los acusados», quienes se dirigían a ella «con ánimo denigratorio» o «en tono de burla» mientras sucedían los hechos,

Actuaron «como si se tratara de un evento festivo, reproduciendo constantemente música» o «chistando» como respuesta a sus quejas y lamentos, según recoge la sentencia dada a conocer por el TSJCV.

La Audiencia de Alicante aprecia en la conducta de los procesados las atenuantes de confesión y reparación del daño, ambas contempladas en sus conclusiones definitivas por la Fiscalía y la acusación particular.

Esto es así porque todos los acusados reconocieron los hechos durante el juicio y pidieron expresamente perdón a la perjudicada.

Por lo que respecta a la segunda atenuante, la propia víctima declaró sentirse resarcida por la indemnización de 60.000 euros consignada en una cuenta judicial por sus agresores antes de la celebración de la vista oral.

El tribunal también aplica la atenuante de embriaguez -que reconocía la acusación particular pero no el Ministerio Público-, al considerar acreditado que la actuación de los agresores se vio influida por una «incesante» ingesta importante de alcohol y sustancias estupefacientes.

Al individualizar las penas, los magistrados imponen la más alta, 18 años de cárcel, a uno de los agresores frente a los 21 años y dos meses solicitados por la Fiscalía, y a los 16 años y cuatro meses que pedía la acusación particular.

El resto de los tres acusados ha sido condenado a 14 años y dos meses, 14 años y 10 meses y 17 años y dos meses de cárcel, respectivamente. Todas estas penas llevan aparejada las correspondientes órdenes de prohibición de aproximación y comunicación con la perjudicada.

El fallo, que puede ser recurrido en apelación, ordena la obtención, incluso forzosa, de pruebas de ADN de los cuatro condenados para su inclusión en una base de datos policial, «habida cuenta la gravedad de los hechos y la reiteración de la agresión a la víctima».

 

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Sucesos

El jurado declara culpable al único acusado del crimen del canónigo de València, cometido junto a otra persona

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muerte cura Valencia
El acusado del crimen del canónigo de la Catedral de València en enero de 2024 - EUROPA PRESS

El tribunal popular considera probado que el crimen fue planificado, con alevosía, y que el acusado participó en el robo y uso fraudulento de las tarjetas de la víctima.

Un jurado popular ha declarado culpable de asesinato al único acusado por la muerte del canónigo de la Catedral de València, ocurrida en 2024, al considerar que actuó de común acuerdo con otra persona no identificada dentro de un plan previamente diseñado para acabar con la vida de la víctima y apropiarse de sus bienes.

El fallo, adoptado por siete votos frente a dos, concluye que el acusado participó de forma decisiva en el crimen, aunque no fuera el autor material de la asfixia que provocó la muerte del religioso, Alfonso, de 79 años.

Asesinato planificado y con alevosía

Según el veredicto, la muerte no fue accidental y se produjo por asfixia, en un contexto en el que la víctima no pudo defenderse debido a su edad y condición física. El jurado aprecia alevosía, al considerar que el ataque se llevó a cabo de manera sorpresiva y premeditada.

La resolución sitúa al acusado en el lugar y en el momento del crimen, basándose en el análisis del posicionamiento de los teléfonos móviles tanto de la víctima como del procesado.

Robo con violencia y estafa continuada

Además del asesinato, el jurado ha declarado probado por unanimidad que el acusado y su cómplice se apoderaron de tarjetas bancarias y comerciales del canónigo con el objetivo de obtener beneficios económicos.

El acusado realizó compras y gastos con una tarjeta bancaria por un valor superior a 2.300 euros, además de varias adquisiciones con una tarjeta comercial. En el momento de su detención, los agentes le intervinieron 875 euros en efectivo, procedentes de extracciones realizadas con dichas tarjetas.

La versión del acusado

Durante el juicio, celebrado en la Audiencia Provincial de València, el acusado se declaró inocente del homicidio y negó haber estado en el domicilio de la víctima. Sí reconoció haber utilizado las tarjetas, aunque aseguró que se las entregó un tercero no identificado y que desconocía que el canónigo hubiera fallecido.

Las investigaciones policiales no hallaron huellas ni ADN del acusado en la vivienda, aunque sí restos genéticos y huellas pertenecientes a personas no identificadas.

Fiscalía pide 28 años de prisión

Tras el veredicto, la Fiscalía mantiene su petición de 28 años de cárcel, repartidos entre el delito de asesinato, el robo con violencia y la estafa continuada. La acusación sostiene que el procesado tuvo una participación directa y determinante en un crimen que califica de especialmente grave.

Por su parte, la defensa ha solicitado la imposición de la pena mínima prevista por la ley. El jurado ha recomendado que no se concedan beneficios penitenciarios ni un eventual indulto, y el acusado permanece en prisión provisional a la espera de sentencia.

 

El hallazgo del cadáver del canónigo

El cadáver lo descubrió el portero, que reside en el edificio y que ha declarado en esta jornada. Según su versión, el día de los hechos abrió la portería a las 9.00 horas como de costumbre, y a los pocos minutos le llegó un mensaje del canónigo diciéndole que se iba a ausentar hasta el fin de semana. Le generó «duda» la forma en la que estaba escrito, pero no lo vio con «normalidad» porque tenía un apartamento en la playa de El Perelló.

Sobre las 11.15 horas se personó un amigo de Alfonso —decía que eran «como hermanos»— preocupado porque habían quedado para «una cosa importante» y no le cogía el móvil. Subieron y, tras llamar dos veces y no recibir respuesta, el portero abrió con la copia de las llaves que tenía.

Al girar la llave la puerta no estaba cerrada. Entró y, al asomarse al dormitorio, vio al canónigo tumbado boca arriba y la cama «revuelta, usada».
«Claramente vi que estaba muerto, lo vi como una especie de momia con la boca abierta, salí chillando en un estado de nervios muy grande», ha recordado.

Testimonio del portero: chicos vulnerables y conflictos frecuentes

El portero ha declarado que era «muy frecuente» que subieran chicos al piso del canónigo, en etapas «muchos», y que cuando Alfonso percibió que «los vecinos comenzaban a darse cuenta de que ocurría algo extraño», los citaba fuera del horario de portería.

En su mayoría eran personas «muy necesitadas», algunos con signos visibles de adicción a drogas, todos mayores de edad. Alfonso tenía «un carácter fuerte, complicado», y solía ir a buscarlos a la estación de autobuses o a la calle Bailén.

«Yo porque sabía torearlo a pesar del asco que me daba a mí por lo que estaba haciendo, pero los vecinos estaban hartos», ha afirmado.

Incidentes y testimonios de vecinos

El portero ha relatado numerosos episodios:

  • Jóvenes encerrados con llave cuando el canónigo salía

  • Conflictos por pagos de servicios sexuales

  • Amenazas de denuncia

  • Discusiones por dinero no abonado

Una vecina escuchó cómo Alfonso ofrecía dinero a cambio de sexo oral.
«Los vecinos estaban hartos, a ellos y a mí nos resultaba repugnante y doloroso», ha recalcado.

Incluso una vecina del anterior edificio advirtió:
«Que se preparen todos los vecinos porque lo que viene es muy fuerte. Es un sacerdote al que le gustan los chicos».

 

Alfonso López Benito-AVAN / A. Sáiz

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