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La tercera ola de pandemia supone el 45% de los procesos de incapacidad

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València, 17 feb (EFE).- La tercera ola de la pandemia ha supuesto el 44,79 % de los procesos de incapacidad temporal en la Comunitat Valenciana, que ascienden a un total de 337.648 de los que 50.611 están activos, según Comisiones Obreras.

Del 21 de octubre de 2020 al 27 de enero de este año, en la tercera ola de la pandemia, se han declarado 206.340 procesos, y en el mes de diciembre y la fracción de enero han sido 151.217 procesos, unos datos que reflejan la magnitud de la intensidad con la que ha golpeado la pandemia, según recoge un estudio elaborado por CCOO PV a partir de datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social.

De los 337.648 procesos (94.466 por infección y 243.182 por aislamiento), 287.037 han finalizado y 50.611 están en vigor, 21.050 de ellos de personas infectadas y 29.561 por aislamiento.

Estas cifras de personas infectadas en la actualidad aconsejan una desescalada prudente, basada en la salud de las personas y la descongestión del sistema sanitario porque, según el responsable de Salud Laboral de CCOO PV, Daniel Patiño, otro mes y medio con estos datos sería «catastrófico» para el sistema sanitario, pero también para las empresas que siguen manteniendo su actividad.

El aislamiento ha sido un elemento de lucha contra el coronavirus y la posibilidad de utilizar esta prestación ha sido una herramienta útil que ha ayudado a mejorar el resultado global de las políticas de salud pública puestas en marcha, según asegura el sindicato en un comunicado.

«Si algo hemos aprendido en estas tres olas es que el falso debate entre salud y economía solo perjudica a las personas más vulnerables, las personas trabajadoras», ha manifestado Patiño.

En la Comunitat Valenciana están la tercera y la quinta provincia de España con mayor número de procesos por incapacidad temporal, un dato que debería hacer reflexionar acerca de» errores cometidos que no pueden repetirse».

Para el responsable de Salud Laboral, es comprensible la preocupación de algunos sectores, pero otra ola de esta magnitud expondría al sistema a «unos riesgos de consecuencias impredecibles para el conjunto de la sociedad».

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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