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Los enfermeros advierten: cuidado con las mascarillas reutilizables

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La Organización Colegial de Enfermería ha lanzado una campaña para aconsejar a la población sobre el uso de las mascarillas reutilizables, «de tela», ante la proliferación de este tipo de protecciones y a la espera de la regulación específica que el Ministerio de Consumo hará pública en las próximas semanas.

Los enfermeros y enfermeras recuerdan, en primer lugar, que no son productos sanitarios, lo que restringe su uso en esos ambientes. A partir de ahí, se lanzan una serie de consejos para su uso.

Se recomienda siempre comprobar la ficha técnica antes de adquirir este tipo de mascarillas. Ha de cumplir la normativa UNE-EN 0065 (o su homóloga europea -CWA17553-), que garantiza una filtración igual o mayor al 90% y que está fabricada según estándar. También debe especificar el número de lavados que se puede hacer y el tiempo de uso para que mantenga su eficacia. Además, se aconseja comprar mascarillas reutilizables que aguanten al menos de cinco lavados. También se incide en llevarlas un máximo de cuatro horas, seguidas o intermitentes.

Los profesionales de la enfermería recuerdan que hay que mantener una higiene correcta de manos antes y después de su uso y que también requieren especial atención a la hora de guardarlas para evitar su contaminación.

Por ello, se aconseja utilizar recordatorios, como la alarma del móvil o la agenda, para acordarnos de sus horas de uso y del número de lavados que lleva la mascarilla. En cuanto a su protección, se proponen una serie de medidas: guardarlas en bolsas transpirables entre uso y uso, llevar dos bolsas para guardar en una las sucias y en otras las limpias, no utilizar cordones sin funda para colgarlas y manipularlas siempre desde las gomas o tiras. Por último, se recomienda llevar siempre encima una de repuesto.

Para reforzar el mensaje, la Organización Colegial de Enfermería ha creado una infografía y este video.

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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