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Los pisos con piscina son un 54,4 % más caros que el resto

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Una persona se baña en una piscina comunitaria en Valencia. Archivo/EFE/Biel Aliño

Madrid/València, 13 ago (EFECOM).- Comprar un piso que disponga de piscina en la Comunitat Valenciana es un 54,4 % más caro que adquirirlo sin ella, según un estudio publicado este viernes por el portal inmobiliario Idealista sobre el precio de este tipo de inmuebles, que suponen el 19,6 % de su actual oferta en venta.

En España es, de media, cerca de un 37 % más y es Andalucía la comunidad en la que la diferencia entre las viviendas que se venden con piscina y las que no es mayor, ya que su precio es el 64,4 % superior. Le siguen la Comunitad Valenciana, Canarias (el 52 %) y Extremadura (el 51,2 %).

Por detrás se encuentran Asturias, donde los inmuebles con este tipo de instalaciones son un 42,4 % más caras, y Aragón, un 40 % más; sin embargo, en la Comunidad de Madrid, la diferencia se reduce al 3 %, seguida por Cantabria (un 16,6 %), y Navarra (un 17,7 %).

Andalucía es también, a su vez, la comunidad en la que existe el mayor porcentaje de viviendas con piscina en el mercado, un 31,7 %, seguida de Canarias, donde representan el 29,2 %, y Baleares, el 28,6 %.

Por debajo están la Comunitat Valenciana, en la que el número llega al 27,5 %; La Rioja, en el 22,3 %; y Madrid, el 21,5 %.

Por el contrario, País Vasco (1,5 %), Navarra (2 %), Asturias (2,6 %) y Galicia (4,3 %) son las regiones en las que viviendas con piscina son menos frecuentes.

En total, en España, «uno de cada cinco pisos a la venta cuenta con esa comodidad», añade idealista.

POR CAPITALES

Las diferencias de precios entre viviendas con piscina y las que no la tienen varían también según las capitales.

La mayor se encuentra en Lérida, donde los precios varían el 62,5 %, junto con Burgos (el 60,3 %), y Barcelona (el 58,8 %).

En cambio, Madrid es la capital con menor diferencia de precios, con un sobreprecio del 6,8 %, un comportamiento que desde el portal atribuyen a la capacidad que ha tenido la ciudad en los últimos años de crear nuevos desarrollos urbanísticos con zonas comunes.

A Madrid le siguen Guadalajara, donde los pisos con piscina son «sólo» un 7 % más caros; San Sebastián (un 7,2 %), Murcia (un 8,2 %), y Sevilla (un 13,3 %).

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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