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Consumo

Los pisos turísticos y el botellón, principales problemas para los vecinos de Ciutat Vella

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VALÈNCIA, 27 Nov. (EUROPA PRESS) – Las viviendas turísticas y el botellón son los principales problemas para los vecinos del barrio de Ciutat Vella en València que, no obstante, valoran más vivir en la principal zona histórica y monumental de la ciudad que la tranquilidad de otras zonas.

Así consta en una encuesta de percepción vecinal sobre la situación del barrio, elaborada por el colectivo Ciutat Vella i Viva a partir de 200 encuestas a exclusivamente vecinos, ya sean trabajadores y residentes o únicamente residentes. De hecho, el 42,9% de los encuestados vive trabaja en Ciutat Vella.

Los resultados han sido presentados este martes ante los medios de comunicación por el presidente de la plataforma, Jesús Ortega; junto a los portavoces Javier Guillem y Sergi Montaner y acompañados por vecinos del barrio.

El estudio apunta que la percepción vecinal es que el barrio ha mejorado durante los últimos 20 años al obtener una puntuación de 3,8 sobre 5. Entre los aspectos positivos que más valoran los vecinos está, en primer lugar, el hecho de vivir rodeado de patrimonio cultural al recibir la puntuación más alta con un 4,7 sobre 5.

Asimismo, los vecinos destacan la buena situación del barrio (4,4 sobre 5) seguido de la oferta de gastronomía y ocio (4) y el estilo de vida en Ciutat Vella (3,8). En cambio, la tranquilidad es lo menos positivo del barrio con una puntuación de 2,6 sobre 5.

Por otro lado, entre los aspectos negativos, los vecinos de Ciutat Vella identifican como principales problemas las viviendas turísticas con un 4,6 sobre 5, seguido del botellón y lateros con un 4,4 sobre 5.

«NO TENEMOS NADA EN CONTRA DEL TURISMO»
Al respecto, el presidente de la asociación ha subrayado que no están en contra del turismo porque «da vida al barrio», pero sí ha rechazado los apartamentos y pisos ilegales que no respetan la ley. En similares términos se ha pronunciado el portavoz Sergi Montaner, quien ha pedido «legislar y definir» estos pisos para «controlar» a los turistas que llegan al barrio y se comportan «como si esto fuera una selva».

El tercer aspecto más negativo para los vecinos es el de los solares abandonados (4,3) seguido del aparcamiento y la dificultad para circular por el barrio (4). Asimismo, la falta de zonas verdes (3,8), la suciedad en las calles (3,7 ) y el ruido (3,2) reciben puntuaciones negativas.

TERRAZAS
Con respecto a las terrazas, sobre cuyo impacto negativo se ha preguntado también a los vecinos, ha recibido la nota más baja del estudio con un 1,9 sobre 5, lo que para el colectivo pone de manifiesto «la escasa visión negativa» que tienen los vecinos sobre esta cuestión.

Asimismo, la encuesta se interesa por la voluntad de los vecinos por implicarse en la defensa del barrio y, en este sentido, el compromiso manifestado es de un 4,04 sobre 5. «Queremos implicarnos y hacerlo mejor. No nos queremos ir del barrio», subrayan.

De hecho, comparada la situación de Ciutat Vella con la del resto de barrios de la ciudad, los vecinos consideran que la situación es mejor a la del resto de la ciudad ya que le dan una nota de 3,93 puntos sobre cinco.

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Consumo

Sanidad y Consumo intensifica los controles en las 165 churrerías de Fallas en València

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Churrerías de Fallas 
Churrerías de Fallas -Archivo/EFE/Ángel Medina G.

El Ayuntamiento de València ha reforzado los controles sanitarios diarios en las churrerías instaladas durante las Fallas, con el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria y la protección de los consumidores. En total, 165 puestos de churros y buñuelos funcionan en la ciudad entre el 2 y el 19 de marzo, coincidiendo con la celebración de las Fallas de València.

El concejal de Sanidad y Consumo, José Gosálbez, participó junto a inspectores municipales en una demostración práctica de inspección higiénico-sanitaria en una churrería de la ciudad, donde se mostró el procedimiento que se aplica durante la campaña fallera.

Más de 700 inspecciones desde el inicio de las Fallas

Desde el comienzo del dispositivo, el servicio municipal ha realizado más de 700 inspecciones en los puestos de churros y buñuelos instalados en la ciudad.

De los 165 puestos autorizados,

  • 146 corresponden a puestos específicos de Fallas

  • 19 pertenecen a bares que también ofrecen estos productos tradicionales.

Durante estas inspecciones se han llevado a cabo alrededor de 600 análisis del aceite utilizado para la fritura, de los cuales 60 han requerido su sustitución. Además, los técnicos municipales han realizado 40 controles del suministro de agua para verificar su calidad.

Según explicó Gosálbez, los controles se realizan de forma aleatoria y por sorpresa, cualquier día de la semana y a cualquier hora, con el objetivo de comprobar que todos los puestos cumplen las condiciones higiénico-sanitarias exigidas.

Qué revisan los inspectores en las churrerías

Los seis inspectores municipales supervisan distintos aspectos relacionados con la seguridad alimentaria:

  • Manipulación adecuada de alimentos

  • Calidad del aceite mediante medidores de compuestos polares

  • Conexión a la red municipal de agua

  • Presencia de calentador y grifos de accionamiento no manual

  • Uso de toallas de un solo uso

  • Toma de muestras de agua para análisis químico

Según el concejal, “todos los puestos deben cumplir las mismas normas y garantizar las mismas condiciones higiénico-sanitarias. Quien no las cumpla tendrá que desmontar el puesto”.

Control de precios y derechos del consumidor

Además de los controles sanitarios, el área de Consumo también verifica el cumplimiento de la normativa de protección al cliente. Entre las comprobaciones se incluye:

  • Lista de precios visible para el público

  • Disponibilidad de hojas de reclamaciones

  • Entrega de ticket cuando lo solicite el cliente

El objetivo es garantizar transparencia en los precios y seguridad para los consumidores durante las fiestas.

Supervisión de los mercados falleros

A estas inspecciones se suma la supervisión de los 79 mercados falleros instalados en la ciudad desde el 12 de marzo. Cada uno de estos espacios puede albergar hasta diez puestos de alimentación, de los cuales cinco pueden preparar comida en el momento y otros cinco vender alimentos ya elaborados.

Todas estas actuaciones se desarrollan conforme al Bando Fallero, que establece las normas que deben cumplir los puestos de venta durante las fiestas.

“Las Fallas son una celebración abierta al mundo y queremos que también sean un ejemplo de seguridad alimentaria y respeto al consumidor”, concluyó Gosálbez.

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