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Los sueldos de Ximo Puig, Mónica Oltra y los diputados valencianos, al detalle

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El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, cobró en 2016 un total de 82.402 euros netos por rendimientos del trabajo y otros ingresos, mientras que la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, ingresó un total de 54.166 euros en 2016.

El presidente cobró 75.843 euros netos por rendimientos del trabajo, 6.510 por dividendos y 49,87 euros por rendimientos atribuidos a un bien inmueble, mientras que declaró una cuota líquida positiva de 24.846 euros.

Así lo reflejan las declaraciones de la renta presentadas por los diputados autonómicos correspondientes al ejercicio 2016 y publicados este viernes en el Boletín Oficial de las Corts Valencianes (BOCV).

Por su parte, Oltra obtuvo 53.240 euros por rendimientos netos del trabajo, además de 926 euros de rendimientos procedentes de un inmueble, y su cuota líquida fue de 13.159 euros.

No obstante, destaca que el que mayores ingresos ha declarado es el portavoz socialista Manolo Mata, quien recibió ingresos por valor de 177.650, de los que 54.942 corresponden a su sueldo neto, 516 a rendimientos de cuentas, depósitos o activos financieros y 122.192 a otras rentas por actividades no especificadas.

El portavoz de Compromís, Fran Ferri, ha declarado unos ingresos de 72.038 euros por rendimientos del trabajo y una cuota líquida de 22.124 euros; mientras que los ingresos de la portavoz del PP, Isabel Bonig, fueron de 59.866 euros y su cuota líquida ascendió a 26.467 euros.

Los portavoces de Ciudadanos, Mari Carmen Sánchez, y Podemos, Antonio Estañ, quienes en 2016 aun no habían asumido este cargo, recibieron unos ingresos de 65.163 euros y 52.842 euros, respectivamente.

Los entonces portavoces de estos grupos declararon unos ingresos de 51.928 euros en el caso de Alexis Marí (Ciudadanos) y de 68.368 en el caso de Antonio Montiel (Podemos).

El presidente de las Corts, Enric Morera, refleja unos ingresos de 65.061 euros de retribuciones netas del Parlamento valenciano, y una cuota líquida de 22.378 euros.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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