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Niñas Tenerife: Nuevo registro con perros en casa del padre buscando pistas que aclaren si mató a sus hijas

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En las últimas horas la guardia civil ha ejecutado un nuevo registro, el cuarto, en la casa de Tomás Gimeno, padre de las niñas desaparecidas. Han vuelto con perros especialistas en detectar el olor de un cadáver y lo han hecho donde creen que Tomás pudo matar a sus hijas asfixiándolas. Un registro complicado debido al «desorden» que hay en la vivienda. Sí que se ha destacado el rollo de bolsas de basura grandes que presuntamente Tomás compró.

Los perros que han acudido a la vivienda del padre ya son conocidos, se trata de Junco y Bill, un perro de aguas y un pastor belga que ya estuvieron en los registros de Marta Calvo, asesinada y descuartizada en Valencia.

Una de las hipótesis en las que trabaja la Guardia Civil, y que trata de consolidar con este nuevo registro, es que el padre hiciera acopio de ropa de las niñas y de juguetes antes de desaparecer.

Según la hipótesis de los investigadores, las niñas estaban vivas a las 20 horas y antes de las 21 horas tendrían que haber sido asesinadas para que su padre tuviera tiempo de salir de la casa porque llegó la madre de las pequeñas y ya no había nadie. En ese momento Beatriz llamó a Tomás y él le dijo que estaban cenando fuera de casa y se las llevaría de vuelta. Pero el padre ya estaba de camino al puerto.

En paralelo, sigue la búsqueda de los tres desaparecidos en el mar, informa EFE. En los próximos días se podrían sumar a esta búsqueda marítima un sonar y un robot submarino, según ha avanzado este lunes la directora general de la Guardia Civil, María Gámez.

No obstante, la zona en la que fue hallada la lancha de Tomás Antonio G.C., frente al Puertito de Güímar, vacía y a la deriva, es de una gran profundidad submarina, lo que dificulta la labor realizada hasta ahora por el grupo de actividades subacuáticas.

En esa zona precisamente fue donde los equipos de búsqueda localizaron flotando en el agua una silla de retención infantil perteneciente a una de las niñas.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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