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‘Pasapalabra’ entrega el mayor bote de su historia

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Foto: Teleaudiencias (twitter)

‘Pasapalabra’ hizo historia este pasado jueves 16 de marzo al entregar el mayor bote habido jamás desde su creación. Rafa Castaño, periodista sevillano de 33 años, se alzó con un bote de 2.272.000 euros tras acertar todas las palabras de su rosco. Dicho montante supera el premio más alto del programa hasta entonces: los 2,19 millones entregados a Eduardo Benito en 2006.

Como suele ocurrir en estos casos, antes de su emisión ya se había difundido la victoria de uno de los participantes, de forma que la expectación era máxima. Pero no se sabía cuál de los dos había sido el afortunado; si Rafa Castaño u Orestes Barbero, filólogo burgalés de apenas 26 años. Finalmente, fue el primero quien completó la hercúlea tarea que tanto tiempo habían estado persiguiendo. No obstante, ambos contendientes inscribieron sus nombres con letras doradas en la televisión española al protagonizar el duelo más longevo de la historia de ‘Pasapalabra’.

Golpe de autoridad en las audiencias

El concurso presentado por Roberto Leal, que entregaba su gran premio en pleno prime time, marcó un impresionante 37,4% de cuota de share, superando los 4,5 millones de espectadores. Unas cifras que arrollaron a la principal competencia, encarnada por Supervivientes. No hay que olvidar que ‘Pasapalabra’ realizó un histórico trasvase en 2020 al pasar de Telecinco, su hogar durante 13 años, a Antena 3, cadena actual de emisión a la cual ya había pertenecido desde 2000 hasta 2006.

En resumidas cuentas, Rafa Castaño se lleva un premio suculento para cualquier español de a pie. Aunque no hay que olvidar que en estos casos Hacienda se queda con una considerable parte del pastel, aproximadamente un 50% del mismo, lo cierto es el concursante sevillano siempre podrá decir que batió el récord del bote más alto de la historia de ‘Pasapalabra’. Y es que la gloria siempre se impone al dinero.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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