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¿Relaciones sexuales «sin ganas»?

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EFE/Emilio Naranjo/ Archivo

Al menos un 57,7% de las jóvenes españolas ha mantenido alguna vez relaciones sexuales «sin ganas» con la intención de «complacer», o como «sacrificio» hacia la otra persona, según se recoge en un estudio realizado por Sigma Dos para el Instituto de las Mujeres.

Para la directora de este organismo, Antonia Morillas, esta cifra demuestra «cómo se sigue perpetuando que el deseo propio sea considerado como un elemento secundario«, frente a la «idea de disponibilidad ante el deseo del otro».

A través de este estudio se recoge que la edad media del inicio de las relaciones sexuales con penetración de las jóvenes españolas está en los 16,5 años y en un 72,3% se produce con una pareja. Un 62% utilizan métodos anticonceptivos de forma generalizada.

Asimismo, el informe destaca que la mayoría de ellas considera el sexo como un tema importante necesario de «hablar y compartir»: alrededor de un 50% admite hablar, al menos, una vez por semana o a diario, frente a un 4,4% que asegura que «nunca lo hace». Esto nos lleva a confirmar que las amistades o internet son las principales vías de conocimiento sexual para las jóvenes de España.

Por otro lado, este estudio publicado por el Instituto de las Mujeres muestra cómo, cada vez más, las mujeres rechazan afirmaciones como que sea el hombre el que deba llevar la iniciativa en las relaciones sexuales (60%) o que ellos sean los que sientan más deseo que ellas (76%).

¿Relaciones sexuales «sin ganas»?

Sobre el acceso al porno, las jóvenes reconocen que el primer contacto se produjo a los 15 años, aunque no suelen hacer consumo de este.

De hecho, casi la mitad de las encuestadas dice que lo consume una vez cada tres meses. Según el informe, esta situación puede deberse a la mirada hacia esta industria, ya que en su mayoría consideran (52%) que está concebida para el hombre.

Porno

El trabajo destaca, sin embargo, que esta generación de mujeres no habla de prohibir la pornografía y simplemente habla de regular para restringir su consumo a menores.

Un 37,7% de las encuestadas ha practicado alguna vez el ‘sexting’ y un 24,3% recurre a aplicaciones de citas para conocer a sus parejas sexuales.

Por otro lado, la mayoría de las jóvenes, un 65%, ha recibido educación sexual en el colegio. Sin embargo, la consideran insuficiente o inadecuada.

En cuanto a la violencia sexual, un 68% de las jóvenes aseguran que han recibido comentarios inapropiados o sexista en espacios públicos, y un 36% tocamientos no deseados. Además, un 46% recibe comentarios agraviantes o sexuales en redes sociales sin consentimiento y un 9% ha sufrido un intento de violación o una violación consumada.

Aborto

Otra de las preguntas que han contestado las participantes de este estudio son referentes al aborto. El informe recoge que un 5,7% ha interrumpido su embarazo, mientras que un 43% reconoce haber recurrido a la píldora del día después. En este sentido, un 40% dice haber sentido «apoyo y ayuda» por parte de la pareja ante un hecho como este, mientras que un 10% asegurado que no tuvo el apoyo de nadie o, habiéndolo pedido, no lo recibieron.

 

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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