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Cultura

València, ¿será la próxima sede de los Premios Goya?

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VALÈNCIA, 18 Feb. – La concejala de Turismo y presidenta de la Fundación Turismo València, Sandra Gómez, ha presidido este lunes una primera reunión con profesionales del sector audiovisual en la que «ha habido un apoyo rotundo a la iniciativa de que València se postule como ciudad para acoger la gala de los premios Goya en el futuro». Se trata de un proyecto a medio plazo, con intención de optar a su 35ª edición en 2021, «año en el que celebramos el centenario del nacimiento de Luis García Berlanga, uno de los más reputados directores españoles, nacido en València, cofundador de la Academia de Cine y presidente de honor desde 1986 hasta 2010».

«Acoger la gala de los Goya coincidiendo con el centenario de Berlanga es uno de los mejores homenajes que podemos impulsar para reconocer, desde su ciudad, a uno de los directores más importantes de España», ha valorado la edila. Además, ha señalado que «queremos trabajar previamente este camino con una hoja de ruta clara, de manera que también vamos a aspirar a los premios Feroz, los premios de la crítica».

En la reunión de trabajo, por parte del sector audiovisual valenciano, han participado representantes del Instituto Valenciano de Cultura, Academia Valenciana del Audiovisual, Asociación de Profesionales de la Producción Audiovisual, Asociación Productores del Audiovisual Valenciano (PAV), Asociación de Empresas de Servicios del Audiovisual Valenciano (AESAV), Asociación Valenciana de Productores Independientes (AVAPI), Asociación de Trabajadores del Audiovisual de la Comunitat Valenciana (ATRAU), Asociación Valenciana de Empresas de Producción Audiovisual y Productores Independientes (AVANT) y Asociación Valenciana de Productores de Animación (AVEPA).

Junto a la Valencia Film Office y Valencia Convention Bureau, la reunión se ha enfocado en liderar, conjuntamente, la candidatura de la ciudad para acoger la gala de los Goya. Sandra Gómez ha destacado que el objetivo del encuentro ha sido «sumar la complicidad, tanto de las instituciones públicas como del sector audiovisual, para presentar una candidatura madura y consensuada. Queremos que sea un proyecto de todos, que nos permita sentirnos orgullosos de nuestros profesionales, apoyar la cultura y el talento, e incrementar el reconocimiento y visibilidad de nuestra ciudad».

Asimismo, ha añadido la concejala que «València tiene opciones reales para optar a los Goya, no solo porque cuenta con una industria audiovisual desarrollada y consolidada, sino porque además dispone de infraestructuras, conexiones aéreas y terrestres y la capacidad de organización».

Durante la reunión, se ha coincido en que «es interesante plantearlo a dos años vista, acompañado de plan de promoción del cine valenciano y aprovechando las oportunidades que surgen para consolidar València como un destino cinematográfico con posibilidades, con iniciativas como optar a los premios Feroz o el Encuentro entre Asociaciones Audiovisuales de España y Portugal», ha señalado Sandra Gómez.

El sector ha mostrado unanimidad ante las posibilidades de la ciudad para acoger la gala de los Goya, que «permitiría dar visibilidad a la ciudad y potenciar la industria audiovisual valenciana». «Por ejemplo, el Ayuntamiento de Sevilla calculó que el impacto económico del acontecimiento supuso alrededor de cinco millones de euros, por lo que se trata de un evento rentable; no solo a nivel de visibilidad de València sino también de impacto directo en la ciudad», ha añadido.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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