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Sacerdotes y dos grupos de valencianos atrapados en Israel

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valencianos Israel
Columnas de humo se elevan sobre la ciudad de Gaza durante los bombardeos israelíes.EFE/EPA/Mohammed Saber

Sacerdotes y dos grupos de valencianos de 36 y 28 personas se encuentran ahora mismo en Israel a la espera de poder regresar a Valencia. El que prometía ser el viaje soñado de sus vidas a Tierra Santa ha acabado en pesadilla, al encontrarse en medio de una guerra y sin saber cuándo podrán regresar.

Los valencianos atrapados en Israel se encuentran a la espera de que aviones militares acudan a repatriarlos

 

 Jose María Taberner, sacerdote delegado de Cáritas Valencia e Instituciones Caritativas y Sociales, ha informado de cómo se encuentran ahora mismo. El Gobierno es el que, ahora mismo, se está haciendo cargo de su situación, manteniendo comunicación directa con la embajada española que se encuentra allí. En concreto, serán aviones militares los que acudan en su rescate, tras la negativa a volar de prácticamente todas las aerolíneas.

 

«Nos han dicho que estemos preparados y con la maleta hecha porque en cualquier momento nos pueden decir que nos vamos con el autobús al aeropuerto, donde nos repatriarían con los aviones del Ejército» contaba José María Taberner.

 

En el caso de Taberner y 36 personas de la parroquia San Pascual Bailón de Valencia, salieron de Valencia el día 5 hacia Tierra Santa, donde llegaron esa misma tarde. Se mantuvieron los primeros días en Galilea, en la parte norte. Pero ante la noticia del estallido de la guerra, el sábado, cuenta que todo comenzó a complicarse. En ese momento, empezaron las prohibiciones de viajar, caminar por la calle; además, de los posibles peligros de atentados.

No hay bombas, pero sí, mucha tensión

La situación en el aeropuerto del Tel Aviv es de incertidumbre, pues como dice Taberner, lo abreny los cierran continuamente. «De momento podemos decir que estamos bien y tratando de que se resuelva todo lo más pronto posible”, afirma.

“Ahora aquí no hay bombas, no oímos disparos, estamos un poco lejos del norte donde está combatiéndose con la frontera del Líbano. También  bastante lejos del sur, de la franja de Gaza, y de las poblaciones limítrofes. Estamos en Galilea, en Nazareth», señala. Afirma que se encuentran bien, pero que oyen continuamente aviones militares de día y de noche, porque van hacia el Líbano donde hay combate en la frontera.  A pesar de que intentan estar tranquilos, hay mucha tensión en el ambiente, donde se observa la preocupación por cómo van a volver.

Por su parte, Rafael Gomar, párroco de Santa Cecilia de Valencia que viajó en grupo junto a 28 personas, afirma que “el sábado cuando  cruzamos la frontera por el norte de Israel a Jordania nos enteramos que había comenzado la guerra y no pudimos ingresar en Israel. Vamos a regresar a Valencia vía Estambul. Hoy 10 de octubre, estamos esperando que nos recoja el autobús para ir al aeropuerto. Una parte del grupo viajará a Barcelona y otro a Madrid. Agradecemos la preocupación que ha tenido el Arzobispo Mons. Benavent por conocer cómo es nuestro estado, preocupándose por el grupo”.

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Valencia

Las Fallas, el corazón social que proyecta València al mundo

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Fallas marca Valencia
Foto: TONI CORTÉS

Las Fallas no solo son una fiesta declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, sino también un potente motor de identidad, cohesión social y dinamismo económico. Así lo sostienen dos expertos de la Universidad Europea de Valencia, que destacan el papel de la celebración en la consolidación de la marca València y en la activación de comportamientos cooperativos dentro de la comunidad.

La fiesta fallera, subrayan, representa uno de los fenómenos culturales y sociales más relevantes del territorio valenciano, tanto por su impacto identitario como por su influencia en las decisiones económicas colectivas.

Las Fallas como símbolo diferencial de la marca València

Daniel Delmás, docente del Grado en Turismo, analiza cómo ha evolucionado la proyección exterior de València en las últimas décadas. Recuerda la polémica escena de la película Misión Imposible 2 (2000), donde se mezclaban Fallas y Semana Santa en Sevilla, como ejemplo de la confusión cultural que existía entonces.

“Si aquella escena se rodara hoy, el resultado sería muy distinto”, apunta. Según el experto, el cambio responde a un trabajo sostenido en la construcción de la marca ciudad, en el que entidades como Visit València han situado la cultura propia como eje central de identidad.

En este contexto, elementos como las Fallas o la paella funcionan como “símbolos intangibles” que permiten que València deje de percibirse como una ciudad mediterránea más y se consolide como un destino reconocible y diferenciado.

El peso social también es clave: más de 200.000 personas integradas en cerca de 800 comisiones falleras en toda la Comunitat Valenciana convierten a la fiesta en el principal tejido asociativo del territorio.

Identidad fallera y cooperación social

Desde la óptica de la economía del comportamiento, Enrique Fatás, catedrático y director del Economic Behavioural Institute, explica que las Fallas activan mecanismos de identidad social y normas compartidas que favorecen la cooperación.

“La identidad fallera y valenciana no se traduce en exclusión, sino que convive con identidades más amplias, como la mediterránea o la europea”, señala.

A diferencia de otros contextos donde la diversidad puede dificultar la colaboración entre grupos, en València ocurre lo contrario. Según Fatás, la diversidad genera expectativas más optimistas y comportamientos más generosos, reforzando la cohesión social.

Impacto económico: consumo como inversión comunitaria

Los expertos destacan que durante las Fallas las decisiones económicas no se perciben únicamente como gasto, sino como inversión en la comunidad. La presión de las normas sociales y la gratificación inmediata asociada a la fiesta impulsan el consumo como forma de reforzar la pertenencia al grupo.

En este sentido, participar en actos como la mascletà, colaborar con la comisión o asistir a eventos falleros deja de ser una decisión estrictamente individual para convertirse en una norma social compartida.

Las conclusiones apuntan a que las Fallas sostienen una parte esencial de la marca València y funcionan como un sistema donde identidad, normas sociales y decisiones económicas se alinean para fortalecer la convivencia y el dinamismo económico.

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