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VÍDEO| ‘Voces de Valencia’, la historia de la canción de la DANA

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Voces de Valencia canción DANA
Ramón Ortolá es un profesor valenciano de primaria que tras la pasar varios días como voluntario ayudando en las localidades más afectadas por la dana ha compuesto una canción, "Voces de Valencia", para "abrazar" a las víctimas de estas inundaciones históricas. EFE/Manuel Bruque

València, 4 dic (OFFICIAL PRESS-EFE).- El profesor valenciano Ramón Ortolá, creador de la canción ‘Voces de Valencia’, ha expresado su «orgullo» por haber llegado a emocionar a las personas afectadas por la catástrofe de la dana porque la compuso para «abrazarlas» y ser su voz ante esta tragedia que «siguen sufriendo a día de hoy».

Este profesor de Primaria ha explicado a EFE que lo sucedido ha sido «totalmente inesperado», porque desconocían la repercusión que podía tener en el momento en el que grabaron y subieron a redes la canción ha llegado a «miles de personas en unas pocas horas» y luego a «millones», espoleada también tras su interpretación en el estadio de Mestalla.

Y se siente «superorgulloso» de «haber podido emocionar a las personas, de haber podido abrazarlas y haber podido crear esto». Está «agradecido» de haber sido su voz y ha recordado que todo lo que genere económicamente esta canción se va a donar a los damnificados.

El éxito de la canción

Sobre el éxito de su composición ha dicho que lo están «digiriendo» poco a poco, ya que, ha agregado, «está siendo un gran volumen de entrevistas, actos benéficos, conciertos para la recaudación de fondos para las personas afectadas».

Ortolá ha explicado que cada canción que ha hecho venía de una emoción que tenía, y «sigue siendo así». Por ello, «desde que ocurrió la tragedia de la dana el primer día ya estábamos mi grupo de amigos y yo intentando ayudar y fuimos todos los días que se nos permitió», ha relatado. Eso le hizo cargarse de emociones «al ver a las familias que lo habían perdido todo, de ver a los voluntarios que llegaban de todo el mundo…».

Esa experiencia le hacía llegar a su casa por la noche, coger la guitarra e intentar expresar esos sentimientos.

Cómo se gestó ‘Voces de Valencia’

La letra definitiva del tema se gestó en el colegio. Al volver de los días en los que los alumnos habían estado sin clase hicieron una dinámica para que expresaran los sentimientos que ellos habían tenido esos días y «algunos lo hacían escribiendo un diario, otros haciendo un dibujo o escribiendo una carta a alguna familia afectada».

Un alumno le preguntó si él no iba a hacer lo mismo y le contestó que sí: «Esa carga de emoción que llevaba se tradujo en la letra casi definitiva que hoy es la canción de ‘Voces de Valencia'», ha indicado.

Ramón Ortolá se dedica a la docencia desde hace años pero compagina esta actividad profesional con la música.

Sobre su actuación en el estadio de Mestalla, Ortolá ha asegurado que «no se puede expresar con palabras lo que es estar delante de 45.000 personas». Sintió «presión y responsabilidad» porque era «como si fuera la voz de todas esas personas que siguen sufriendo a día de hoy esta tragedia».

Orgullo de Valencia

Pero al mismo tiempo sintió «el orgullo» de ser él la persona que «iba a transmitir todo eso a tantas personas», aunque reconoce que estuvo «nervioso por temas de sonido, porque nunca había tocado en un lugar de esas dimensiones».

Sin embargo, se dejó llevar, se olvidó de las preocupaciones y vio «la gente que estaba emocionada», y en vídeos y mensajes posteriores ha comprobado que el público les transmitió que «es una canción que está hecha con el corazón, que no hay manera de sacarle un pero y cuenta de manera objetiva lo que ha sido esto».

Un tema, añade, que «abraza a todas las personas que están afectadas por esta catástrofe».

Y lo que más le sorprende, ha señalado, es «gente que nos escribe desde la zona cero agradecidos por haber podido emocionarse después de tantos días en el barro, de estar limpiando sus casas, de estar buscando su coche, de estar ahí metidos en el conflicto y haber podido llorar».

Mucha gente le dice que «no habían podido llorar hasta que han escuchado esta canción», lo que demuestra, a su juicio, «el poder que puede tener una canción hecha desde el corazón».

«Se han creado unos lazos entre las personas que son indescriptibles y que no se nos olvide que sin amor somos como un lápiz sin punta», según el docente y músico.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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