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‘5 de noviembre … y entonces sucedió que …’, por José Luis Fortea

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forteaJosé Luis Fortea

……………… “Recuerden, recuerden, el 5 de noviembre. Conspiración, pólvora y traición. No veo la demora y siempre es la hora de evocarla sin dilación”…….  

                                       (https://youtu.be/67ZgyYDR8ec?t=26 

Esta frase aparece en la película V de Vendettacon guión de las hermanas Lana y Lilly Wachowski, ambientada en una Inglaterra dictatorial, de un futuro próximo, en la que V, es un misterioso revolucionario, que oculta su rostro bajo la máscara de Guy Fawkesquien anhela la destrucción del estado gobernado por el partido Norse Fire (Fuego Nórdico) de claro signo totalitario, que ostenta el poder tras un conflicto bélico nuclear 

La película basa el desarrollo de su trama en un hecho real acontecido el día 5 de noviembre de 1605un 5 de noviembre como hoy, de hace cuatrocientos doce años, cuando tuvo lugar la llamada conspiración de la pólvora”. 

Reinaba, desde el 25 de julio de 1603a sus treinta y siete años, como monarca de Inglaterra e Irlanda Jacobo I (lo era también de Escociacon el título de Jacobo VI, desde hacía treinta y seis años, declarado pues soberano al cumplir un año de edad)Hijo de María Estuardo, llevó a cabo una política anticatólica y absolutista que le granjeó la animadversión y enemistad de una gran parte de la población inglesa, al aplicar además una serie de medidas ciertamente impopulares.  

Entre dichas disposiciones, a los pocos meses de haber sido nombrado rey, en 1604, promulgó la controvertida A Counterblaste to Tobacco (un contrapunto al tabaco) que establecía la prohibición de fumar, gravando además la importación de aquel, desde sus colonias, con un fuerte impuesto especial. En la aludida medida impuesta argumentaba, entre otras “virtudes” del mismoque llegaba a afectalos ojos, siendo irritante para la nariz, muy peligroso para los pulmones, para acabar describiendo el humo que los cigarros desprendían como apestoso. 

Ya en el mismo trayecto de viaje, desde Escocia, nada más haber sido declarado rey de Inglaterra, habiendo sorprendido un ladrón in fraganti, en un acto de pillaje, la propia guardia del rey, decidió hacer acto de su regia autoridad, mandando ahorcarle allí mismo, sin dilación alguna, a pesar de loconsejos de quienes le acompañaban que argumentaban que antes de su ejecución sería lo justo y conveniente abrirle juicio, afirmando aquel una de las frases con la que se identificaría el talante de su reinadoel rey es la ley. 

Un grupo de católicos, hartos de este absolutismo y descontentos con su situación, planearon destruir el edificio del Parlamento británico, matando al rey Jacobo I y la mayor parte de la aristocracia protestante del país, durante la ceremonia de la apertura del mismo, prevista en un principio para el mes de octubre y que posteriormente se trasladaría al día 5 de noviembre de 1605. 

El complot, consistía en acumular barriles de pólvora en los sótanos de la abadía de Westminster, que previamente había alquilado Thomas Percy, para proceder a su deflagración una vez el monarca ubicado en su interior diera el inicio al nuevo curso político. Fueron almacenadas, en las dependencias arrendadas, hasta treinta y seis de estas barricas. 

Sin embargo, el plan no salió como estaba previsto. Diez días antes de la señalada fecha, un noble católico, llamado William Parker, recibía una carta anónima que le advertía del peligro que corría su vida si acudía a la apertura oficial del curso político. Aunque la misma no venía firmada por remitente alguno, posteriormente se sabría que uno de los acusados de aquella traición, Francis Tresham, era cuñado de aquel. Esta misiva, acabaría cayendo en poder del conde de Salisbury, Sir Robert Cecil, defensor de la fe anglicana, que el día anterior al atentado ordenó el registro de los sótanos del edificio, sorprendiendo a Guy Fawkes custodiando aquellos barriles de explosivos. 

Los sospechosos, todos ellos católicos, fueron juzgados por un delito de Traición a la Corona, siendo posteriormente declarados culpables, considerando Robert Catesby, el cerebro de la maquinación, que junto a doce conspiradores más, su primo Robert Wintourlos hermanos Christopher John Wright, y el cuñado de estos Thomas Percy (casado Martha Wright)Thomas Winter, Thomas BatesRobert Keyes, John Grant, Everard Digby, Ambrose Rookwood, Francis Tresham Guy Fawkesacabarían siendo condenados a morir descuartizados en ejecución pública. 

Quedó demostrado que fue Percy quien alquiló la casa y el sótano en Westminster que posteriormente sería utilizada por los confabulados, situando en aquel lugar y con la clara misión de custodiar la mercancía y llegado el momento de hacerla estallar, Guy Fawkes, bajo la falsa identidad de John Johnson, y que mientras sucedía esto, Percy y Catesby se dirigían hacia la abadía de Coombe, en el condado de Warwickshare, donde se encontraba Isabel Estuardo, la hija católica del rey, de nueve años de edad, con la intención de secuestrarla, para una vez fallecido su padre situarla como reina de Inglaterra, Irlanda y Escocia. 

Los que sobrevivieron a las torturas del proceso de la investigación, fueron llevados a rastras, hacia el cadalso, tirados por caballos. Allí, ante la multitud expectante, fueron ahorcados, e instantes antes de producirse la asfixia, liberados por el verdugo para prolongar su tormento y así poder proceder a su lento desmembramiento, que era el castigo aplicado por entonces en Inglaterra a los acusados de este delito de “traición. 

Desde entonces se estableció esta tradición de la “Noche de las Hogueras” cada día 5 de noviembre, en la que una vez encendidas estas se van quemando muñecos que representan a Guy Fawkes (cuya máscara diseñada por David Lloyd, además de ser utilizada por el protagonista de la película V de Vendetta es usada por colectivos de protesta así como por el grupo “Hacktivista Anonymous”). 

 

-“……Recordad, recordad el cinco de noviembre, la traición y el complot de la pólvora.. No veo razones por la que esta tradición de la pólvora deba ser olvidada……………”- 

-“……Remember, remember the fifth of november, gunpowder treason and plot….I see no reason why gunpowder treason should ever be forgot………………”- 

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Qué pasó un 22 de julio

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Qué pasó un 22 de julio

José Luis Fortea

………….corría el verano de 1975, aquel en el que no cesaba de sonar en las radios el Bimbó de Georgie Dann, que acabaría siendo declarada oficialmente la canción del verano, aquel en el que Televisión Española emitía su series detectivescas de moda, las de “Tony Baretta” y “Kojak” y que amenizaba desde el pasado mes de abril, la noche de los sábados, con un nuevo programa llamado “Directísimo”, presentado por un joven bilbaíno de treinta y tres años, de grandes bigotes, llamado José María Íñigo Gómez.

Bernard Thévenet

Aquel verano, en el que ganaba el tour, contra todo pronóstico, el francés Bernard Thévenet, imponiéndose a un Eddy Merckx, líder desde la sexta jornada, que había sido golpeado por un espectador en su costado derecho en el ascenso al Puy de Dome, presentando desde entonces unas molestias que le harían perder a partir de aquella etapa, la decimocuarta, el maillot amarillo y que no lo volvería a recuperar, de un periodo estival más que sofocante y tórrido, en el que una caña en aquellos días costaba entonces diez pesetas, de aquel verano, el del 75, el último del jefe del Estado español, que fallecería cinco meses más tarde.

Qué pasó un 22 de julio

El martes 22 de julio, de un día como hoy, de hace más de cuarenta años , a unos cincuenta y tres kilómetros de Sevilla, en el término municipal de Paradas, iba a tener lugar uno de los sucesos más trágicos de los últimos tiempos, que acabaría por convulsionar la vida de sus cerca de ocho mil habitantes, de un terrible episodio que en los juzgados terminaría conociéndose como el expediente 20/75.

A unos cuatro kilómetros de la mencionada población de Paradas, se encuentra la finca de los Galindos, perteneciente, desde hace seis años, a Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete, marqués de Grañina, donde suele acudir esporádicamente, en tiempo estival, sin la compañía de su mujer, María de las Mercedes Delgado Durán. Al frente del aludido inmueble, se encuentra Manuel Zapata Villanueva, de cincuenta y nueve años, antiguo legionario y miembro de la Guardia Civil, que allí vive junto a su mujer Juana Martín Macías, de cincuenta y tres años, desempeñando las tareas de capataz, en unos terrenos dedicados principalmente al cultivo de la aceituna.

En el cortijo trabajan siete personas, tres tractoristas y cuatro temporeros, que a eso de las ocho de la mañana, de aquel martes día 22, ya se encuentran allí para ponerse a bregar, antes de que el sol les ajusticie con esos 49 ºC que alcanzarán a lo largo de aquella misma mañana. Zapata, como de costumbre, es quien distribuye “la faena”, mandando a las alpacas, a medio kilometro de la finca, al tractorista José González Jiménez, a un segundo tractor, junto con tres braceros, a la parte posterior del cerro y al tercer tractorista Ramón Parrilla a regar garrotes (que son los troncos de los olivos metidos en bolsas con tierra) de una jornada laboral que se prolongará hasta la una, momento en el que harán un alto en el camino para almorzar, durante cerca de media hora, y proseguir hasta eso de las cuatro de la tarde, cuando el mercurio se encarame en lo más alto de los termómetros respondiendo al calor abrasivo de esos casi cincuenta grados.

Y es entonces, sobre esa hora de las cuatro de la tarde, cuando el grupo de los tres temporeros que se encuentran en la parte del cerro observan salir un humo negro y espeso del cortijo, dirigiéndose rápidamente hacia allí.

Al llegar al lado de la verja de la entrada, encuentran restos de lo que parece un reguero de sangre, que les hace presagiar que alguien pudiera haber resultado herido, de un rastro abundante que dibujando un movimiento sobre la tierra serpenteante poco a poco se va diluyendo hasta llegar a desaparecer, por lo que Antonio Escobar, uno de aquellos trabajadores, acude raudo hacia el cuartel de la Guardia Civil, para dar el pertinente aviso, mientras Antonio Fenet Pastor, que lleva cinco años trabajando las tierras de Los Galindos, divisa lo que le da la sensación son dos cuerpos mutilados en aquel fuego que acelerado con gasolina desprende un olor más que nauseabundo, decidiendo no indagar más, hasta la llegada de la Benemérita.

No tardan mucho en personarse en el cortijo el cabo Raúl Fernández acompañado de un número de la Guardia Civil, para realizar las primeras diligencias de investigación. Al entrar en la casa, observan, al lado de una mesa camilla, otro gran charco de sangre, cuyo rastro se dirige pasillo arriba, hacia donde se encuentra la puerta de una habitación cerrada con un candado, colocado en la parte exterior, que fuerzan para poder acceder a su interior, encontrándose una vez dentro, el cuerpo de Juana Martín, la mujer del capataz, con la cabeza destrozada, golpeada por algún objeto romo, no hallándose nada más reseñable en la vivienda.

En el exterior, donde todavía permanece encendido aquel fuego, aparecen los restos casi calcinados del tractorista José González, Pepe, de 27 años y su esposa Asunción Peralta, seis años mayor que él, de 34 años, a quien al parecer había ido a recoger al pueblo para traerla allí, en algún momento de aquel día, aparcando su seiscientos de color crema en la entrada del cortijo, desconociéndose los motivos.

En la cuneta del llamado Camino de Rodales, cubierto con un montón de paja, se descubre un cuarto cuerpo sin vida, el del jornalero Ramón Parrilla, de 40 años de edad, tractorista eventual de la finca, muerto de un disparo de escopeta.

De Zapata, el capataz de la finca de Los Galindos, no hay rastro alguno, por lo que las primeras sospechas recaen sobre este, emitiéndose incluso, a la mañana siguiente, por el recién llegado juez del juzgado de Écija (al estar el de Carmona de vacaciones) Andrés Márquez Aranda la pertinente orden de busca y captura.

Al parecer, en los mentideros del pueblo, se decía que las relaciones entre el capataz y el tractorista Pepe no eran todo lo buenamente deseables que podían ser, fruto de un intento de José González por cortejar a una de las hijas de Zapata, negándose este a dicha relación, enemistando en cierta manera a ambos. Lo cual fue considerado como un posible móvil de aquel crimen, aunque no resolvía las dudas existentes sobre las restantes muertes.

Y fue entonces cuando tres días más tarde, el 25 de julio apareció el cadáver del capataz, que tras la autopsia realizada determinaría que había resultado ser la primera de las víctimas de aquel crimen que ya sumaba con esta, cinco muertes, desarbolando la hipótesis que se había venido considerando como probable.

El sumario del caso, el denominado expediente número 20 de 1975, con más de mil trescientos folios, ha dado a lo largo de la historia numerosas elucubraciones y teorías que no han podido resultar finalmente probadas, recayendo durante años las sospechas, tras haber sido encontrado el cuerpo de Manuel Zapata, sobre José González Jiménez que juzgado y condenado por el pueblo tendría que esperar hasta la exhumación de los cadáveres mediante orden emitida por el juez Heriberto Asensio que acabaría determinando que el “sospechoso” era, de igual forma, triste víctima de este suceso, y que además en opinión del prestigioso médico forense Luis Frontela Carreras, estudiando aquellas manchas de sangre en el piso encontradas, concluiría que a –“Juana la arrastraron desde el comedor hasta el dormitorio entre dos personas por lo menos”- .

Transcurrido los plazos legales previstos sin encontrarse el culpable de estos hechos, la causa quedaría archivada en el año 1988, y siguiendo el principio que extingue la responsabilidad criminal por el transcurso del tiempo, siendo para este tipo de delitos el previsto de veinte años, fue por tanto declarado su prescripción en 1995, a los veinte años de haberse cometido.

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