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ANAR alerta sobre la peligrosidad de ‘El juego del calamar’: Se está produciendo una auténtica alarma social
Publicado
hace 5 añosen
La Fundación ANAR muestra su preocupación por la alarma social provocada por la imitación de conductas violentas de la serie ‘El Juego del Calamar’ por los menores de edad y recomienda a los padres y madres que supervisen en todo momento el contenido que están viendo sus hijos e hijas, para que este no suponga un riesgo para ellos.
Desde hace semanas hay una serie de la que todo el mundo habla y por la que Fundación ANAR se muestra especialmente preocupada. Se trata de ‘El Juego del Calamar’, una ficción en la que se pueden ver conductas violentas y arriesgadas y retos que pueden poner en peligro la vida de quien los realice. El problema está cuando este tipo de contenidos llegan a los niños, niñas y adolescentes, que muchas veces no son capaces de entender que se trata de una ficción y que no debe de imitarse los comportamientos de la serie en la vida real.
“La serie no está destinada a menores de edad, pero cuando este tipo de contenidos violentos llegan a los más pequeños se está produciendo una auténtica alarma social, ya que los menores de edad imitan las conductas violentas y tratan de realizar los peligrosos retos que se aprecian en la serie”, señala Benjamín Ballesteros, director de Programas de Fundación ANAR.
El problema no solo se queda en los niños/as, sino que representa un grave problema para los adolescentes, que están en un momento de su vida en el que buscan sensaciones nuevas y placer, lo que puede llevarles a realizar conductas arriesgadas, poniendo su vida en grave peligro.
Además, los padres y madres no siempre son conscientes del tipo de contenidos que está viendo su hijo/a y si estos son realmente apropiados o no para ellos. Algo especialmente complicado cuando se tratan de fenómenos mediáticos, modas o presión social.
No es la primera vez que ANAR advierte del riesgo que representan determinadas series o influencias tecnológicas, que han revolucionado el comportamiento de los menores de edad. Esto es especialmente preocupante ahora, cuando los menores de edad aún arrastran las consecuencias psicológicas del confinamiento y del covid-19.
De hecho, el informe ‘El Teléfono y Chat ANAR en tiempos de COVID-19’ ya alertaba del aumento de los problemas psicológicos entre los menores de edad, según las consultas atendidas a través de las Líneas de Ayuda ANAR: aumentaron hasta situarse en un 22,2%, respecto al 17,3% del 2019. Separado por etapas es aún más preocupante: durante la vuelta al cole, los problemas psicológicos pasaron del 16,5% en 2019 al 24,9% en 2020.
Decálogo para padres y madres
La Fundación ANAR, preocupada por este fenómeno, lanza hoy un decálogo con recomendaciones y consejos para los padres y madres de menores de edad. Entre estos consejos se encuentran el ver las series juntos, informarse sobre el contenido que les interesa a los hijos/as, tener cuidado para no normalizar la violencia, enseñarles a resistir la presión social o fomentar el pensamiento crítico y transmitirle información sobre los riesgos tecnológicos, entre otros.
Es importante señalar que cualquier niño, niña y adolescente podría verse afectado por la influencia de este tipo de contenidos, pero hay perfiles de menores de edad que son especialmente vulnerables.
Entre los que representan mayor grado de vulnerabilidad están los menores de edad con patologías psicológicas previas, como ansiedad, depresión o que hayan vivido eventos traumáticos; adolescentes enganchados al mundo digital y las redes sociales; menores de edad con un carácter excesivamente impulsivo; niños/as y adolescentes introvertidos, tímidos y solitarios, que tengan dificultades para socializar y establecer relaciones personales; adolescentes a los que les gustan excesivamente los riesgos o menores de edad que estén sobreexpuestos a las pantallas y que reciben escasa supervisión parental.
El primer perfil, el de los menores de edad con patologías psicológicas previas como ansiedad o depresión preocupa especialmente a la Fundación ANAR, ya que durante el confinamiento estricto la ansiedad aumentó un 280,6% y la depresión o tristeza un 87,7%, según datos del informe ‘El Teléfono y Chat ANAR en tiempos de COVID-19’.
Por esto es muy importante que las familias y adultos estén atentos a algunas de las señales que pueden alertar de que el menor de edad está expuesto a contenido violento no apto para su edad. Estas señales son los cambios bruscos de comportamiento o estado de ánimo, los síntomas de tristeza o ansiedad, el pasar muchas horas conectado a las pantallas, cambios de hábito y abandono de sus costumbres y hobbies, aislamiento prolongado o problemas de rendimiento escolar y/o absentismo.
ANAR recuerda que ante cualquier problema, las familias y el personal docente pueden llamar al ‘Teléfono ANAR de la Familia y los Centros Escolares’ 600 50 51 52.
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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años
Publicado
hace 2 díasen
24 septiembre, 2026
Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria
Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.
Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.
Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.
Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.
Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.
«Lo más importante es lo más simple»
Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.
Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.
Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.
Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.
El amor por su familia por encima de todo
Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.
Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.
También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.
Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.
Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer
Hay otra parte especialmente importante de su legado.
Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.
Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.
Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.
Una voz para el cáncer infantil
Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.
Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.
Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.
Su último regalo: una conversación para después de su muerte
Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.
Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.
Y así ha ocurrido.
Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.
Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.
Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.
El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir
Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.
A valorar la salud.
A querer a la familia.
A estar al lado de quien sufre.
A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.
A disfrutar de lo sencillo.
A hacer aquello que queremos hacer.
Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.
Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.
Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.
Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.
Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.
Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.
Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.
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