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Cultura

Máximo Huerta inaugura su librería en Buñol, su «refugio» de «vida lenta»

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El presidente de la Diputación de València Toni Gaspar junto al exministro Máximo Huerta en la inauguración de su librería en Buñol (Valencia)

Buñol (Valencia), 10 ene (OFFICIAL PRESS- EFE).- Máximo Huerta, escritor, periodista y exministro de Cultura, ha inaugurado este martes la ‘Librería de Doña Leo’, su «tienda en Buñol», a la manera del local que inspiró su novela ‘Una tienda en París’. Como un «refugio» y una forma de reivindicar la «vida lenta» de los pueblos.

«Siempre quise tener una librería, porque una librería para mí era un refugio», ha asegurado Huerta en declaraciones a EFE, y ha explicado que por ello ha decidido «dar el paso» y abrir este local en el pueblo donde vive, y donde le han acompañado vecinos, amigos, su madre y su perra, Doña Leo, a quien ha homenajeado con el nombre de la tienda.

La inspiración del escritor son tanto las bibliotecas que visitaba de pequeño como las librerías que ha conocido en sus viajes por «París, Londres o Ámsterdam», además de la estética de la tienda que aparece en su propia novela de 2012, que le dio «muchas alegrías».

«Yo siempre quise tener una aquí, y este verano se fraguó la idea y dije: ‘¿monto una? Adelante'», ha relatado, y ha asegurado que la ha situado en Buñol, a unos 40 kilómetros al oeste de València, porque en su pueblo está «a gusto».

Máximo Huerta: Así es su librería

‘La librería de Doña Leo’ es una forma, además, de «reivindicar la vida lenta, tranquila», frente al ritmo rápido de las ciudades y de los trabajos: «Vamos con muchas prisas no sé a dónde, entre el móvil y los ritmos».

«Reivindico la tranquilidad aquí, en mi pueblo, que es donde empecé y donde me apetece estar descansando y vivir las mil aventuras que me quedan por vivir», ha destacado.

Es librero, escritor, periodista y ha sido político, pero Máximo Huerta ha asegurado que su faceta favorita «es la de hijo», por lo que ha celebrado que su madre estuviera presente en la inauguración y la ha definido así: «Una mujer que ha leído mucho y que trajo la lectura a mi vida, y que ahora no puede leer por el tumor que ha tenido».

«Para mí es la mayor satisfacción, y por encima de escritor, de periodista y de todo lo que he sido o seré, soy hijo», ha defendido.

UNA PERRA RESCATADA Y LA LITERATURA COMO RESCATE

Fruto de este apego a la familia, el nombre de la librería es también el de su perra, Doña Leo, su cuarto animal de compañía, una perra rescatada «con una personalidad tremenda».

«Cuando escribo, la tengo al lado y sabe cuándo empiezo a escribir y cuándo acabo», ha asegurado Huerta, que ha considerado que nombrar así a su local es «un homenaje a todos los perros rescatados».

En este sentido, ha afirmado que los libros «son como los perros, que te rescatan, tú a ellos y ellos a ti», y por ello ha dicho desear «que la librería sea un lugar que nos rescate también con la lectura».

Aunque Huerta ha asegurado que estará presente «atendiendo a vecinos, a amigos y a los escritores que se pasen», ‘La librería de Doña Leo’ tendrá también otro librero, a quien su propietario ha definido como alguien «maravilloso, que ha leído mucho, que sabe muchísimo».

Máximo Huerta inaugura su librería en Buñol, su "refugio" de "vida lenta"

El exministro Máximo Huerta inaugura su librería en Buñol (Valencia): «La Librería de Doña Leo». En la imagen Huerta (izqda), firma un libro a unos lectores. EFE/Biel Aliño

DOLORES REDONDO, LUZ GABÁS Y ELVIRA LINDO

El recién inaugurado local ya cuenta con un calendario de presentaciones y encuentros con escritores para los próximos meses.

Así, el 8 de febrero estará en la librería Dolores Redondo, autora de la Trilogía del Baztán, mientras que el 1 de marzo será el turno de Luz Gabás, autora de obras como ‘Palmeras en la nieve’.

«También estará Elvira Lindo, que se viene a vivir a València, con (su marido y también autor, Antonio) Muñoz Molina, y Milena Busquets me dijo ayer ‘¿Cadaqués o Buñol?’ y yo le dije ‘Buñol, Buñol'», ha relatado.

Tras dejar su programa en la televisión pública valenciana À Punt, y en el inicio de esta nueva etapa al frente de la librería, Huerta ha dicho sentir «mucha ilusión».

«Cuesta estar feliz, porque la vida ya se encarga de darte sustos, pero estoy contento y tranquilo», ha concluido.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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