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«El lodo», rodada en la Albufera, inaugura una Mostra que este año homenajea a Jean-Pierre Jeunet

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València, 15 sep (EFE/OP).- El estreno mundial de la película «El lodo», un ‘thriller’ rodado en la Albufera de València dirigido por Iñaki Sánchez Arrieta y protagonizado por Raúl Arévalo y Paz Vega, inaugura este viernes la trigésima sexta edición de la Mostra de València-Cinema del Mediterrani, que entregará su Palmera de Honor al guionista, productor y director francés Jean-Pierre Jeunet.

El cineasta galo, responsable entre otros famosos títulos de la película «Amélie», que cumple este año dos décadas desde su estreno, recibirá este galardón en la gala de clausura del festival, y con ella la Mostra reconoce «su singular y personalísima trayectoria».

La presencia de Jean-Pierre Jeunet en el festival irá acompañada de un ciclo de proyecciones de sus películas y de una clase magistral que tendrá lugar el jueves 23 de octubre, a las 18 horas, en la Filmoteca de València.

La Mostra de València, que se celebrará hasta el 24 de octubre en los Cines Babel, la Filmoteca de València y La Rambleta, homenajeará también al cineasta valenciano Luis García Berlanga, con un concierto gratuito de la Banda Sinfónica Municipal de València y secciones dedicadas a su influencia en otros cine; ofrecerá un ciclo-homenaje al artista multidisciplinar Marc Hurtado y tendrá una sección dedicada al terror en el imaginario árabe.

Un total de doce películas, de estreno absoluto en España, competirán en la sección oficial por la Palmera d’Or, desde comedias, largometrajes de suspense y dramas a títulos de fuerte contenido social, habituales en la selección del festival, pero también otros que miran al futuro con esperanza y que conforman un listado marcado por la diversidad, según ha informado la organización.

Entre ellas «Souad», de la egipcia Ayten Amin, que llega a València tras haber pasado por Berlín, Cannes y Tribeca, donde las dos protagonistas, Bassant Ahmed y Basmala Elghaiesh, han recibido ex aequo el premio a la mejor actriz; la ópera prima de Louda Ben Salah-Cazanas, «Le mond après nous», presentada en la Berlinale, y «Playlist», el debut de la dibujante de cómic Nine Antico.

La aportación de Croacia a la Sección Oficial viene de la mano de «The Staffroom», ópera prima de Sonja Tarokic, mientras que Sonia Liza Kenterman, desde Grecia, presentará «Tailor» y Alex Camilleri «Luzzu», un drama maltés que estuvo en el Festival de Sundance, donde Jesmar Scicluna obtuvo el premio al mejor actor.

Desde Túnez, Mehdi Hmili propone un viaje a una sociedad tunecina en pleno colapso con «Streams», coproducción con Luxemburgo, Francia y Estados Unidos, que acaba de pasar por la competición en Cineastas del Presente (Venecia), y Siria es el país de origen de «The Translator», debut cinematográfico de Rana Kazkaz y Anas Khalaf.

La participación de Bosnia-Herzegovina se materializa en la película «So She Doesn’t Live» con la que Faruk Loncarevic ha conseguido una mención especial en Trieste y que es la historia basada en el asesinato real de una joven en un pequeño pueblo.

Con resonancias de Eça de Queirós se anuncia la portuguesa «Vencidos da vida», del conocido productor y director Rodrigo Areias y que tiene lugar en un cine decrépito, donde las historias se suceden como fantasmas de la vida cultural del siglo XIX.

Cierra la relación de películas de la Sección Oficial de esta 36 edición de Mostra de València la comedia negra «Heavens Above», una coproducción entre todas las ex repúblicas de la antigua Yugoslavia, rodada bajo la dirección de Srdjan Dragojevic.

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Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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