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Consumo

El uso de plumas estilográficas vuelve a estar de moda

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Con lo asequible que es hoy en día un bolígrafo o un lápiz y lo fáciles de utilizar que son, ¿por qué alguien debería pensar en usar una pluma estilográfica para escribir o dibujar? Pues, la razón principal es porque las plumas estilográficas, o plumas fuente, son unos accesorios muy especiales.

Para muchas personas, una pluma es algo que va mucho más allá de una herramienta con la que pintar en un papel. Para un escritor o dibujante aportan elegancia y un estilo inconfundible. Además, muchos de los que las utilizan de manera habitual, encuentran su uso mucho más práctico que el de un bolígrafo normal.

Pero además de eso, también requieren hacer menos esfuerzo a la hora de escribir, puesto que el sistema de la pluma hace que la tinta se extienda por acción capilar, que es mucho menos exigente que el hecho de tener que hacer presión sobre el papel, como sucede con el bolígrafo, y por lo que se cansa la mano al escribir.

Plumas y tinta

Existen plumas estilográficas de un sinfín de tamaños, medidas, peso y diseño. Incluso con una gran variedad de puntas o plumines, las cuales pueden ser más finas o gruesas según la elección de cada usuario.

Un elemento fundamental cuando se trabaja con una pluma es la tinta, puesto que, sin ella, sería imposible hacer funcionar una pluma. Con una cantidad suficiente de tinta no habrá problema de que puedan quedarse trazos incompletos, que es un defecto habitual de los bolígrafos convencionales.

El sistema de tinta habitual de una pluma funciona con cartuchos. Una vez se coloca el cartucho a la pluma, bastará con dejarla en posición vertical unos segundos para que la tinta se extienda y llegue hasta la punta para que quede lista para empezar a escribir. Después, ya tan sólo bastará con colocar la pluma con una inclinación adecuada para escribir, de forma que la tinta fluya correctamente.

Los cartuchos de tinta pueden ser reemplazables o recargables (convertidor). Estos últimos se rellenan utilizando un tintero, que son de venta habitual en papelerías y grandes almacenes y que seguro que has visto en alguna ocasión. Se trata de unos pequeños frascos de vidrio que contienen tinta de elevada duración.

El uso de plumas también beneficia al medio ambiente

Hablando de temas ambientales, que tan de moda están y con los que tanta concienciación hay desde hace varios años, el uso de plumas estilográficas es un sistema de escritura mucho más respetuoso con el medio ambiente, sobre todo las que usan cartuchos rellenables con tintero. Son herramientas diseñadas y fabricadas para durar prácticamente toda la vida. En cambio, en otros sistemas de escritura, como los bolígrafos fabricados en masa, una vez que se les ha agotado la tinta, hay que deshacerse del objeto completo, lo que aumenta la generación de residuos y las necesidades de plásticos y materiales no biodegradables para la fabricación de nuevas unidades.

Marcas de plumas más recomendables

La marca Lamy es una de las más reconocidas y tiene diseños tanto modernos como clásicos, todos ellos de una magnífica calidad. Este fabricante tiene un sistema de recarga de muy fácil empleo, por lo que suelen ser de las preferidas por los usuarios.

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Consumo

Sanidad y Consumo intensifica los controles en las 165 churrerías de Fallas en València

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Churrerías de Fallas 
Churrerías de Fallas -Archivo/EFE/Ángel Medina G.

El Ayuntamiento de València ha reforzado los controles sanitarios diarios en las churrerías instaladas durante las Fallas, con el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria y la protección de los consumidores. En total, 165 puestos de churros y buñuelos funcionan en la ciudad entre el 2 y el 19 de marzo, coincidiendo con la celebración de las Fallas de València.

El concejal de Sanidad y Consumo, José Gosálbez, participó junto a inspectores municipales en una demostración práctica de inspección higiénico-sanitaria en una churrería de la ciudad, donde se mostró el procedimiento que se aplica durante la campaña fallera.

Más de 700 inspecciones desde el inicio de las Fallas

Desde el comienzo del dispositivo, el servicio municipal ha realizado más de 700 inspecciones en los puestos de churros y buñuelos instalados en la ciudad.

De los 165 puestos autorizados,

  • 146 corresponden a puestos específicos de Fallas

  • 19 pertenecen a bares que también ofrecen estos productos tradicionales.

Durante estas inspecciones se han llevado a cabo alrededor de 600 análisis del aceite utilizado para la fritura, de los cuales 60 han requerido su sustitución. Además, los técnicos municipales han realizado 40 controles del suministro de agua para verificar su calidad.

Según explicó Gosálbez, los controles se realizan de forma aleatoria y por sorpresa, cualquier día de la semana y a cualquier hora, con el objetivo de comprobar que todos los puestos cumplen las condiciones higiénico-sanitarias exigidas.

Qué revisan los inspectores en las churrerías

Los seis inspectores municipales supervisan distintos aspectos relacionados con la seguridad alimentaria:

  • Manipulación adecuada de alimentos

  • Calidad del aceite mediante medidores de compuestos polares

  • Conexión a la red municipal de agua

  • Presencia de calentador y grifos de accionamiento no manual

  • Uso de toallas de un solo uso

  • Toma de muestras de agua para análisis químico

Según el concejal, “todos los puestos deben cumplir las mismas normas y garantizar las mismas condiciones higiénico-sanitarias. Quien no las cumpla tendrá que desmontar el puesto”.

Control de precios y derechos del consumidor

Además de los controles sanitarios, el área de Consumo también verifica el cumplimiento de la normativa de protección al cliente. Entre las comprobaciones se incluye:

  • Lista de precios visible para el público

  • Disponibilidad de hojas de reclamaciones

  • Entrega de ticket cuando lo solicite el cliente

El objetivo es garantizar transparencia en los precios y seguridad para los consumidores durante las fiestas.

Supervisión de los mercados falleros

A estas inspecciones se suma la supervisión de los 79 mercados falleros instalados en la ciudad desde el 12 de marzo. Cada uno de estos espacios puede albergar hasta diez puestos de alimentación, de los cuales cinco pueden preparar comida en el momento y otros cinco vender alimentos ya elaborados.

Todas estas actuaciones se desarrollan conforme al Bando Fallero, que establece las normas que deben cumplir los puestos de venta durante las fiestas.

“Las Fallas son una celebración abierta al mundo y queremos que también sean un ejemplo de seguridad alimentaria y respeto al consumidor”, concluyó Gosálbez.

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