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Exposición del Ninot: esta es su historia

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Foto: Toni Cortés

La Exposición del Ninot empezó a contar su historia cuando el Ayuntamiento de Valencia convocó para el ejercicio fallero 1933/34 un concurso de ideas para crear actos para la incipiente Semana Fallera. Dicho concurso lo ganó el artista fallero Regino Mas con su propuesta L’Indult del Foc.

El proyecto estaba dividido en cuatro partes: una cabalgata donde las comisiones falleras llevaban un ninot en pasacalles satírico (hoy Cabalgata del Ninot), a la exposición donde permanecerían hasta el día de antes de la plantà, una cabalgata del Fuego para llevar el ninot desde la falla ganadora, hasta el incipiente Museo del Folklore (hoy Museu Faller).

Es así como Regino Mas recogía la esporádica tradición de las comisiones de indultar elementos valencianos muy simbólicos, o ninots de personalidades o políticos para regalárselos.

Exposición del Ninot: esta es su historia

Es curioso ver como a lo largo de todos estos años, la Exposición del Ninot ha tenido diferentes ubicaciones en la ciudad de Valencia. El Mercado Central (1934-1936), Lonja de la Seda (1940-1996), Mercado Central (1997-2000), Mercado de Russafa (2001-2003), Nuevo Centro (2004-2015), y desde el 2016 en el Museo de Ciencias Príncipe Felipe.

Los premios

Hablando de premios, es en el año 1943 cuando se premió de manera excepcional al mejor grupo de la exposición. Ya en el año 1951, un jurado, premia a los mejores ninots grandes de cada sección.

En 1963 se celebra la I Exposición del Ninot Infantil y en la década de los años 60 y también en los 90, se indultaron más ninots por el Presidente de la JCF y las Falleras Mayores, que actualmente se pueden contemplar en la tercera planta de la sede de la JCF.

Desde el año 1972, un jurado, premia a los mejores ninots infantiles de cada sección, y en 2016 se decide que los mejores ninots de sección se den a conocer en los primeros días de marzo.

Las anécdotas

Otro dato anecdótico, sucedió en el año 1956, cuando se indultaron dos ninots, el Barrendero (José Barea, falla Cádiz-Els Centelles) y Familia de turistas indios (Joan Huerta, falla José Antonio-Duque de Calabria). El primero, un retrato que incumplía la norma redactada pero que no se aplicó, quedó en primer lugar, adoptándose la decisión de indultar también el que quedó en segundo lugar.

A partir del año 1996, se limitaron medidas para los ninots presentados a la Exposición del Ninot. El ninot indultado ese año, Espantapájaros, se excedió de medidas y fue vetado los primeros días, hasta que quitó lo que sobraba para entrar en medidas, remontando en votos hasta ganar.

La exposición abandona La Lonja

Para las fallas de 1996/97, se tuvo que buscar una ubicación diferente para la Exposición del Ninot, dado que en diciembre, el edificio de la Lonja se declaró Patrimonio Material de la Humanidad por la UNESCO, y se limitaron los actos y exposiciones dentro.

Sistema de votación de la Exposición del Ninot

Cabe recordar que el sistema de votación popular para elegir los ninots indultats es único en el mundo como método de incorporación de piezas a un museo, siendo en sí un elemento patrimonial por mantenerse intacto este proceso desde su inicio.

Latorre y Sanz son los artistas que más ninots indultats grandes (6) seguidos han conseguido (1998-2003), seguidos con 4 ninots los artistas Vicente Luna, Vicente Agulleiro y Manolo Algarra. En infantiles, Hermógenes Aroca y Juan Canet son los que más ninots indultats infantiles seguidos han conseguido (3).

Hasta la fecha, un total de 36 artistas falleros ha conseguido salvar un ninot grande de las fallas, y 22 artistas falleros con ninot indultat infantil. Y un total de 47 comisiones falleras diferentes han incluido su nombre en este listado.

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Fallas

Fallece Carmen Bueso, alma de «Flor» y referente histórico de la indumentaria valenciana

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Fallece Carmen Bueso
Carmen Bueso

La indumentarista que marcó una época deja un legado imborrable en el arte de vestir a las falleras mayores y cortes de honor de València

VALÈNCIA, 29 MARZO 2025 – La indumentaria tradicional valenciana está de luto. Carmen Bueso, conocida por todos como Carmen “Flor”, ha fallecido dejando un vacío imposible de llenar en el corazón de las Fallas. Su nombre ha estado unido durante décadas a la elegancia, la excelencia artesanal y el profundo respeto por la tradición. Con su partida, València pierde a una de las figuras más queridas y relevantes del mundo fallero.

Aunque recientemente se había jubilado tras cerrar su tienda de la calle Conde Altea, su legado sigue vivo en cientos de trajes que continúan desfilando por la ciudad cada mes de marzo. Su marca, “Flor. Carmen Bueso”, fue sinónimo de calidad, estilo y cariño por los detalles.

De una paquetería de barrio a vestir a las falleras mayores de València

El germen de su trayectoria profesional nació en la Paquetería Flor, un pequeño comercio junto al Mercado de Colón gestionado por la familia de su esposo, Manuel Flor. En su acogedora esquina de Conde Salvatierra, Carmen comenzó haciendo composturas y arreglos, hasta que un día decidió ir más allá: empezó a confeccionar trajes a medida con un pequeño equipo en Benimàmet, mucho antes de que el concepto de “tienda de indumentaria fallera” estuviese consolidado.

Su trabajo pronto se hizo conocido entre clientas exigentes del Pla del Remei y la Gran Vía, y su habilidad con el hilo y la aguja la catapultó a lo más alto del sector.

El espolín «Soto» y un momento para la historia

Uno de los momentos más emblemáticos de su carrera llegó en 1999, cuando su sobrina, Lola Flor Bustos, fue proclamada fallera mayor de València del año 2000. Fue Carmen quien la vistió de arriba a abajo, confeccionando con su equipo en Benimàmet el histórico espolín “Soto” de color paja, tejido por Garín. Fue, además, el último traje de exaltación no entregado por el Ayuntamiento, en una época en la que las falleras mayores aún vestían trajes confeccionados por familiares o indumentaristas de confianza.

Ese momento marcó el paso de Carmen Bueso de modista a icono.

Lola Flor

El salto a su tienda en Conde Altea y una clientela de élite fallera

Con el nuevo milenio, Carmen decidió dar un paso más y abrir su propia tienda bajo su nombre: “Flor. Carmen Bueso”. Durante más de dos décadas, este espacio fue referente indiscutible en el sector de la indumentaria valenciana, por donde pasaron falleras mayores como Sara Martín, Lucía Gil, Gloria Martínez, Marta Reglero, Nela Ayora o Inmaculada Asensi, así como decenas de componentes de las cortes de honor.

Incluso fue pionera en diseñar los primeros justillos para la “dansà” en el año 2008, cuando esa prenda no era aún habitual.

La tradición familiar también continuó con las nuevas generaciones: su sobrina nieta, Lola López Flor, hija de la fallera mayor del año 2000, fue componentede la corte de honor infantil de 2024. Un legado que se ha transmitido con orgullo y pasión.

Una jubilación que no pudo disfrutar

En 2024, Carmen bajó la persiana de su tienda con la satisfacción del deber cumplido. Se retiraba para disfrutar de una merecida jubilación, traspasando el negocio y cerrando un capítulo brillante de su vida. Lamentablemente, su fallecimiento prematuro ha impedido que disfrute plenamente de esa nueva etapa.

GALERÍA| La espectacular indumentaria de los hijos de Lola Flor

Reconocimiento en vida: premio Joia del Gremio de Sastres y Modistas

En junio de 2023, Carmen Bueso recibió uno de los galardones más emotivos: el premio Joia del Gremio de Sastres y Modistas de la Comunitat Valenciana, en reconocimiento a una vida entera dedicada al arte textil.

“Nunca hubiera imaginado un final así a mi trayectoria profesional, rodeada de tanta gente que quiero, de personas maravillosas que me he encontrado a lo largo de este camino”, escribió entonces, visiblemente emocionada por el homenaje.

Un legado que se viste, no se olvida

A diferencia de otras disciplinas efímeras de la fiesta, como la pirotecnia o la creación de monumentos falleros, el arte de la indumentaria permanece. Los trajes de valenciana confeccionados por Carmen seguirán vivos en cada desfile, cada exaltación y cada “mascletà”, recordándonos que fue ella quien los hizo posibles.

Cada vez que uno de sus espolines salga del armario, alguien recordará: «Esto es un Flor».

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