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Más de 260.000 menores de 16 años en la Comunitat están en riesgo de pobreza o exclusión social

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VALÈNCIA, Jul 2018. (EUROPA PRESS) – Más de 260.000 niños y niñas menores de 16 años en la Comunitat Valenciana se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que supone un 33,1% del total que hay en la autonomía, según los últimos datos publicados por el Instituto Valenciano de Estadística (IVE) citados por Save The Children.

Estas cifras muestran que existe una diferencia de más de siete puntos respecto a total de la población, que cuenta con una tasa de riesgo de pobreza o exclusión social del 22,9%, lo que convierte a los niños de la Comunitat Valenciana en el colectivo más vulnerable.

Otro aspecto a tener en cuenta, recalca la ONG, es el aumento del número de menores de 16 años que se encuentran en esta situación. El porcentaje de niños en riesgo de pobreza o exclusión social pasa del 29% en 2016 al 33,1% en 2017, lo que supone una diferencia de más de cuatro puntos porcentuales respecto a los datos de hace tan sólo un año.

Atendiendo a los datos por provincias, Alicante es la que peores datos presenta, con un 37,1% de los menores de 16 años en riesgo de pobreza, seguida de Castellón, con un 30,9%, y València, donde la cifra se sitúa en un 30,7%. En lo que respecta a las comarcas, la Marina Alta y la Vega Baja son las que presentan una tasa de riesgo de pobreza y exclusión social más elevada, con un 46,4% y un 43,5% respectivamente, mientras que L’Alcoià (23,9%) y Els Ports (24,4%) son las que reflejan unas tasas más bajas, detalla.

POBREZA URBANA
La ciudad de València es donde se concentran el mayor número de niños y niñas en riesgo de pobreza o exclusión social de toda la Comunitat Valenciana. Cerca de 37.000 viven en esta situación, lo que supone el 31,6% del total. Además, la «pobreza urbana es especialmente preocupante porque el acceso a bienes o servicios básicos es siempre más caro que en un entorno no urbano (alquileres, transporte, actividades de ocio, lúdicas o culturales, etc.)», advierten.

Además, la Comunitat Valenciana cuenta con una tasa de privación material severa infantil de un 8,1%, lo que supone que 65.000 niños se encuentran en esta situación. Estas familias tienen unas condiciones de vida muy difíciles y, debido a la escasez de recursos económicos, en muchas ocasiones no se pueden permitir comer carne o proteínas de forma regular, una lavadora, un teléfono o irse de vacaciones.

El responsable de Save the Children en la Comunitat Valenciana, Rodrigo Hernández, ha asegurado que la situación de estos niños, niñas y adolescentes «se hace más difícil todavía durante el verano, ya que muchas familias que se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social tienen dificultades para proporcionar una alimentación adecuada a sus hijos, esta época en la que los comedores escolares están cerrados».

Hernández ha afirmado también que muchas de ellas «no pueden pagar ningún tipo de actividad extraescolar o de ocio para sus hijos, por lo que estos se sienten discriminados por no poder disfrutar de sus vacaciones como otros niños y niñas de su edad».

Para revertir esta dramática situación, Hernández asegura que, «pese a que se en los últimos años se han producido avances en materia legislativa y presupuestaria para lucha contra la pobreza y ayudar a los colectivos más empobrecidos, como es la Renta Valenciana de Inclusión o la futura aprobación de las Leyes de Infancia o de Servicios Sociales, esto todavía no se reflejan en las estadísticas».

«Es necesario que el Consell continúe impulsando políticas públicas que pongan el foco en la infancia más vulnerable, que se sigan incrementando de manera sostenida las partidas destinadas a luchar contra la pobreza infantil y que la inversión se destine a medidas eficaces que tengan un impacto directo en las familias», afirma Hernández, que añade que «de esta forma se garantizaría el cumplimiento de los derechos de los niños y niñas de nuestra comunidad y podríamos ver un cambio en las estadísticas y en la situación de los niños y niñas más vulnerables de la Comunitat Valenciana en un futuro próximo».

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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