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¿Cada cuánto hay que bañar a un perro?

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¿Cada cuánto hay que bañar a un perro?

Saber cuándo hay que bañar a un perro es una de las dudas más recurrentes en aquellas personas que viven con un can. Sin embargo, en torno a este asunto, hay una rumorología asociada: si se debe hacer una vez al año, que estropea el pelo del animal, que lo deja sin defensas, etc. Todos estos rumores generan miedo a la hora de mantener limpia a un perro.

De igual manera que le cortamos las uñas o lo vacunamos, bañar a un perro con regularidad es una de las tareas dentro de la lista de dueños responsables, ya que, lejos de perjudicar al animal, lo está ayudando.

Cuando bañamos a un perro le ayudamos a desprenderse de bacterias y suciedad que pueden comprometer la salud del animal y que, además, lo hace menos atractivo a la hora de coger determinadas plagas.

Por eso, se recomienda bañar a los perros cuando se considere necesario. En este aspecto hay que guiarse por el sentido común y por un límite: un perro no debe estar más de tres meses sin baño. A partir de ahí, no hay que apurar hasta ese momento y lavarlo semanalmente, a no ser que sea solo con agua o con toallitas higiénicas específicas.

Junto con el lavado, también es importante el tipo de champú que se le aplica al animal y el cepillado para proteger el pelo. Cepillar al perro ayuda a arrastrar el pelo muerto y a eliminar gran parte de la suciedad que haya quedado impregnada y no haya salido con el lavado.

¿Cada cuánto se baña a un perro según su pelo?

Según la longitud del pelo que tenga el perro, hay distintas pautas de baño. No es lo mismo bañar a un perro de pelo corto que a uno de pelo largo. Estas son las pautas a seguir:

  • Los perros con pelo corto deben lavarse cada mes y medio o dos meses.
  • Si el pelo es medio, lo ideal es bañarlos cada mes o mes y medio.
  • En caso de que el perro tenga el pelo largo, será suficiente un baño cada tres semanas o un mes.

Todos estos márgenes de tiempo son orientativos, ya que hay que adecuarlos como consideremos.

Mitos sobre el baño del perro

  • El pelo del perro pierde aceites cuando se baña. Es cierto que los perros, igual que las personas, pierden aceites presentes en el pelo cuando los bañamos. Sin embargo, esto no es un hecho problemático ya que la renegación del pelo es alta.
  • El baño altera el pH del perro. Este mito también es cierto, aunque con una salvedad: esto ocurre hasta cuando se meten en un río o en el mar. No se trata de algo dramático, ya que en cuestión de tiempo, el pH se vuelve a equilibrar.
  • El olor del champú hace que otros perros no lo reconozcan. Este mito no tiene nada de científico. El olfato del perro es tan potente que no hay forma de que pueda enturbiar el auténtico olor del animal.

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¿A qué edad descubren los niños el secreto de la Navidad?

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A qué edad descubren los niños el secreto de la Navidad

La magia de la Navidad se mantiene principalmente a la ilusión que millones de niños depositan en Papá Noel y /o los Reyes Magos de Oriente. Sin embargo, aproximadamente a partir de los siete años, los niños empiezan a pensar de manera abstracta y son capaces de sacar conclusiones lógicas acerca de quién deja los regalos debajo del árbol de Navidad o junto al Belén. Ya sea que sus padres les hayan contado la historia de Papá Noel o de los Reyes Magos, o ambas, llega un momento en la infancia en el que la propia madurez hace que se cuestionen la veracidad sobre ellas. Pero, ¿a qué edad descubren los niños el secreto de la Navidad? Os lo explicamos.

¿Cómo es posible que un gordinflón en trineo o que tres ancianos repartan juguetes en una sola noche a todos los niños del mundo? Empieza a resultarles ilógico, y por más que los padres deseen mantener la ilusión de sus hijos unos años más, hay muchos niños que conocen la verdad sobre los regalos de Navidad, pero siguen el juego.

A qué edad descubren los niños el secreto de la Navidad

Se enteran porque a otro niño se le ha escapado en el colegio, porque oyen una conversación, porque tienen hermanos mayores, porque han descubierto a sus padres envolviendo regalos, porque les picaba la curiosidad y lo buscaron en Internet.

Puede que no sea de repente, pero sí que empiecen a descubrir que hay piezas que no acaban de encajarles. Se van enterando de algunas cosas que no tienen sentido, pero prefieren no profundizar, por si acaso este año no caen regalos o la Navidad tiene menos magia.

Según el informe «Infancia y Maternidad» realizado por Chicco, a los siete años casi un 40 por ciento de niños españoles han descubierto ‘la verdad’ sobre la Navidad, aunque tan sólo un 25 por ciento lo hace público.

La media de edad en la que los niños conocen ‘la verdad’ es a los ocho años, etapa en la que ya un 70 por ciento de los niños son conscientes de ello y lo dicen abiertamente. En general, en algún momento entre los 7 y los 12 años, todos los niños acaban descubriendo la verdad, o la mentira, como más os guste.

Si se hace el distraído, ¿cómo actuar?

Hay niños que empiezan a sospechar pero en realidad prefieren no reconocerlo todavía, eligen mantenerse un tiempo más en la creencia aunque no lo tengan tan claro. También hay niños que tienen confirmada la historia pero se siguen haciendo los distraídos, muchas veces por no desilusionar a sus propios padres, creándose un engaño inverso.

Sin embargo, esta disposición a «seguir el juego» que tienen algunos niños no debe ser visto como algo negativo. Hay investigaciones que demuestran que estos niños tienen habilidades mejor desarrolladas en la lógica y el razonamiento.

Cuando el niño comience a cuestionarse la existencia de Papá Noel o los Reyes Magos, pregúntale qué sabe, déjale que se exprese y podrás saber hasta dónde conoce sobre la historia. Si crees que ha llegado el momento de decir la verdad es conveniente tener una conversación honesta con ellos, explicándoles por qué se mantuvo vivo el mito y que en realidad no había una intención deliberada de engaño. Aquí te dejamos una opción para contarles la verdad sin romper esa ‘magia’ que envuelve a la Navidad y que les traiciona la ilusión.

¿Mis padres me mintieron?

Una preocupación común es si descubrir la verdad, erosionará de alguna manera la confianza de los niños en sus padres. ¿Pueden vivirlo como un engaño? Hay niños que tienen tan internalizada la historia que no pueden creer que no sea verdad y se enfadan muchísimo.

Pero aunque es una posibilidad, no es algo irreversible. No hay evidencia científica de daños psicológicos en adultos porque se les haya mentido sobre los regalos cuando eran pequeños.

La magia de la Navidad no son los regalos

Es importante transmitirles que hemos querido mantener en ellos la ilusión de la Navidad mientras eran pequeños, una ilusión que ahora no ha desaparecido. Ha cambiado, pero seguimos manteniéndola porque la verdadera magia de la Navidad va más allá de quién traiga los regalos, y de los regalos en sí mismos.

Pueden seguir escribiendo la carta a Papá Noel y a los Reyes Magos si les apetece, y continuar con las tradiciones navideñas propias de estas fechas o como se haya elegido celebrar la Navidad en la familia.

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