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Cómo conservar el chocolate en verano

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conservar el chocolate en verano

Conservar determinados productos y en especial el chocolate en verano es fundamental. En este sentido, el verano es una época en la que debemos tener más cuidado a la hora de conservar este producto. Y es que las altas temperaturas pueden afectar a su sabor y calidad. Por ello, y con motivo de la celebración, el próximo 7 de julio, del Día Mundial del Cacao, los Maestros Chocolateros Lindt comparten algunos consejos para seguir disfrutando del mejor chocolate durante los meses más calurosos del año.

Conservar el chocolate en verano

  1. La temperatura perfecta

Los Maestros Chocolateros Lindt seleccionan cuidadosamente las mejores habas de cacao y las mezclan para crear su sabor único y singular. Provienen de árboles que crecen a veinte grados al sur y al norte del ecuador, lo que sin duda determina las características de su sabor. Y es precisamente por este motivo que la temperatura en la que se conserve el cacao afecta y altera el paladar.

Según los Maestros Chocolateros Lindt, el chocolate debe conservarse alejado de la luz solar, a una temperatura ambiente que oscile entre los 14 y los 20ºC y que no supere el 60% de humedad. Se trata de unas condiciones difíciles de mantener en esta época del año, pero la mejor solución para consumirlo en perfecto estado es ubicarlo en un sitio fresco y seco como, por ejemplo, la despensa o una vinoteca.

  1. La nevera: Solo apta para los casos más extremos

Guardar el chocolate en la nevera altera el sabor, con lo que no sería la opción más recomendable si queremos disfrutar de la autenticidad del producto. Aun así, es cierto que en verano no siempre podemos asegurar que tengamos en casa un lugar fresco en el que conservar el chocolate. Así pues, si nos decidimos por el refrigerador, es importante guardarlo siempre en los estantes superiores, en los que la temperatura es un poco más alta.

En este sentido, los Maestros Chocolateros Lindt afirman que también debemos tener en cuenta que el cacao es higroscópico y que, por ello, contiene propiedades que absorben todos los olores de su alrededor. Por este motivo, si decidimos ponerlo en la nevera, lo más apropiado es guardarlo en un recipiente hermético.

Y, sobre todo, si queremos disfrutarlo en las mejores condiciones, no tenemos que olvidarnos de sacarlo de la nevera 15 minutos antes de consumirlo.

  1. La conservación según el porcentaje de cacao

En los países mediterráneos como el nuestro, el consumo de chocolate negro se ha incrementado de forma exponencial en los últimos años. Su sabor intenso y puro ha cautivado a los amantes de este delicioso producto. Además, es el chocolate que mejor se conserva durante los meses de verano.

Así, la gama Lindt EXCELLENCE de altos porcentajes, que va desde el más suave (50%) hasta el más puro (100%), será la que resistirá mejor las altas temperaturas, permaneciendo en excelentes condiciones para disfrutarlo con la familia o los amigos.

  1. Chocolate blanco: el más delicado

El chocolate blanco, debido a su alto contenido de manteca de cacao, es al que más le afecta el calor de esta época del año. Para consumirlo en las mejores condiciones, debemos conservarlo en un ambiente fresco. Esto facilitará que no se derrita, adquiera olores o pierda sus características y sabor irresistible.

  1. Prevenir el efecto fat bloom

El fat bloom, también conocido como afloramiento o blooming, es la alteración del sabor y  la textura del chocolate debido a la variación de altas y bajas temperaturas.

Concretamente, la grasa propia de la manteca de cacao se vuelve líquida a causa del calor y migra a la superficie de la tableta, cristalizándose otra vez con el frío y presentando una fina capa de color blanquecino.

En cualquier caso, hay que ser conscientes que el chocolate con esta apariencia es perfectamente apto para ser consumido, aunque habrá perdido algo de su sabor original. Para evitarlo, es fundamental conservarlo en un lugar fresco y alejado de la luz solar.

  1. Chocolate con fruta: una opción ideal para los meses de más calor

Por su frescura, la fruta es uno de los platos estrella de esta época del año. Pero, ¿y si la mezclamos con el delicioso sabor del chocolate? El resultado es una receta de lo más veraniega apta para todos los paladares. Los Maestros Chocolateros Lindt lo tienen muy claro. Por eso, en estos meses tan esperados, nos proponen disfrutar de la marca Lindt EXCELLENCE, con recetas de chocolate negro suave con deliciosas y sorprendentes combinaciones, como Flor de Sal, Naranja, Menta, Fresa o Sésamo.

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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años

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Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria

Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.

Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.

Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.

Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.

Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.

«Lo más importante es lo más simple»

Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.

Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.

Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.

Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.

El amor por su familia por encima de todo

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.

Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.

También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.

Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.

Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer

Hay otra parte especialmente importante de su legado.

Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.

Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.

Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.

Una voz para el cáncer infantil

Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.

Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.

Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.

Su último regalo: una conversación para después de su muerte

Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.

Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.

Y así ha ocurrido.

Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.

Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.

Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.

El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir

Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.

A valorar la salud.

A querer a la familia.

A estar al lado de quien sufre.

A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.

A disfrutar de lo sencillo.

A hacer aquello que queremos hacer.

Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.

Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.

Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.

Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.

Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.

Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.

Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.

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