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El precio del alquiler en la Comunitat es un 18% más barato que en 2007, cuando alcanzó su máximo histórico

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VALÈNCIA, 21 Mar.- El precio de la vivienda en alquiler en la Comunitat Valenciana el año pasado era un 18% más barato que en 2007, año en el que todas las regiones españolas registraron su «máximo histórico», según el último análisis realizado por el portal inmobiliario Fotocasa a partir de sus datos del Índice Inmobiliario.

En concreto fue en junio de 2007 cuando la región valenciana alcanzó su máximo valor con un precio de 8,11 €/m2 al mes, frente a los 6,65 €/m2 al mes con los que se situó en diciembre de 2018.

Según ha explica la directora de Estudios de Fotocasa, Beatriz Toribio, en estos momentos «el precio de los alquileres se está normalizando, después de las fuertes subidas que vivimos en 2017 y buena parte de 2018», que llevaron a superar los máximos registrados hace diez años en algunas zonas del país.

«Ahora esta situación se está estabilizando, –asegura Toribio–, «aunque seguimos registrando tensiones en algunas capitales y enclaves turísticos, así como en el extrarradio de las grandes ciudades».

Entre los años 2006 y 2008 el precio del alquiler en España alcanzó su máximo histórico en todas las comunidades autónomas. Los precios «tocaron techo» en toda España entre diciembre de 2006 y agosto de 2008. Así, Comunitat Valenciana fue la tercera región que registró su máximo histórico y lo hizo en junio de 2007 con un precio de 8,11 €/m2 al mes.

En el ranking de comunidades que alcanzaron el máximo valor, el primer lugar lo ocupa Canarias, que registró en diciembre de 2006 su máximo precio con 7,64 €/m2 al mes, seguido de Cataluña, que registró en mayo de 2007 su máximo al situar el precio en 12,44 €/m2 al mes y la Comunitat Valenciana que en junio de 2007 alcanzó los 8,11 €/m2 al mes.

LA COMUNITAT VALENCIANA, LEJOS DE SUPERAR SU MÁXIMO
Son 14 las comunidades autónomas que aún no superan sus precios máximos registrados en España entre los años 2006 y 2008. El análisis de Fotocasa revela que Comunitat Valenciana (-18%) es la décimo primera autonomía que se encuentra más lejos de igualar sus actuales precios del alquiler (2018) con los de hace once años (2007).

Tan solo Cataluña superó en enero de 2018 el precio máximo de mayo de 2007 al llegar a los 12,88 €/m2 al mes, seguido de Baleares, que en mayo de 2018 marcó un nuevo máximo con 10,60 €/m2 al mes y Canarias y Madrid, que registraron máximos el pasado mes de junio y diciembre.

En el otro extremo, el resto de las comunidades todavía no han superado los precios máximos y muchas de ellas están, todavía, lejos de superarlos.

LA PROVINCIA DE CASTELLÓN DESCIENDE UN 45,9%
Respecto a las provincias, ninguna ha superado en 2018 los precios máximos que habían alcanzado en 2007; y la mayoría de ellas están lejos de superar los precios máximos. Según Fotocasa la provincia de Castellón es la que más ha descendido de precio respecto a su máximo valor. En junio de 2007 Castellón situaba su precio máximo en 8,8 €/m2 al mes y 11 años después, en 2018, su valor se coloca en 4,77 €/m2 al mes; es decir, se pagaba por una vivienda en alquiler en 2008 un 45,9% más que en 2018.

Paralelamente en el mismo año (2007), Alicante (7,84 €/m2 al mes en julio de 2007) y Valencia (8,24 €/m2 al mes en junio de 2007) también llegaban a sus máximos precios del alquiler, colocándose de esa manera en un 20,8% y un 10,9% más caro que en diciembre de 2018, respectivamente.

CAPITALES DE PROVINCIA
Ninguna de las tres ciudades analizadas por Fotocasa han superado sus precios máximos de 2007 o de 2008. El precio del alquiler en 2008 en Castellón de la Plana era un 33,8% más caro que en 2018. En concreto, la ciudad sitúa su precio máximo en 7,60 €/m2 al mes en febrero de 2008 frente a los 5,03 €/m2 al mes de diciembre de 2018.

Mientras, Alicante (8,04 €/m2 al mes en mayo de 2007) también llegaban a sus máximos precios del alquiler, colocándose de esa manera en un 16,3% más caro que en diciembre de 2018, respectivamente.

Por otro lado, Valencia es la que más se ha acercado a su máximo valor en 2018. En enero de 2008 se pagaba por una vivienda un 4,5% más que en diciembre de 2018. La ciudad situaba su valor máximo en 8,83 €/m2 al mes (enero 2008) frente a los 8,43 €/m2 al mes que costaba en diciembre de 2018.

Fuente: Europa Press

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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