Fallas
Lo que no se ve de la gala de Elección de Cortes de Honor
Publicado
hace 5 mesesen
Una de las noches más mágicas del año para el mundo fallero es, sin duda, la de la gala de elección de Cortes de Honor en Fonteta. Una noche de ilusión por conocer a las niñas y chicas que representarán a la ciudad de Valencia y también de tristeza para muchas de las candidatas en la noche que se despiden de su sueño. A pesar de que el ritual de cómo se conocen a las 26 elegidas, todo fallero lo conoce, detrás de los focos y los aplausos, hay muchos detalles que pasan desapercibidos.
Los secretos que esconde la gala de Elección de Cortes de Honor: dónde ven la gala o qué ocurre con las candidatas no seleccionadas
Es un día lleno de nervios en el que las candidatas simplemente desfilan para el público, pero la suerte ya está echada. No solamente las 146 candidatas están nerviosas, sino que sus familiares y allegados sienten los mismos nervios por verlas cumplir su sueño.
A pesar de que es un día muy especial, la mayoría de ellas intentan hacer de ese día, uno normal, siguiendo su rutina. En en el caso de los años en los que se ha celebrado un viernes, muchas de las aspirantes fueron a trabajar, para estar distraídas e intentar amainar los nervios. El tiempo para peinado y maquillaje lo guardan con días de antelación, muchas prefieren estar listas desde por la mañana, en cambio, otras prefieren maquillarse después de comer.
El ritual para vestirse, ese día es especial, a la suma de todos los complementos de la indumentaria, se le añade el momento de los amuletos. Las enaguas van repletas de objetos familiares que les han dado suerte a las candidatas o, incluso, el número con el que salieron elegidas en el sector.
Para llegar hasta el Roig Arena algunas de ellas acuden en taxi, otras en los coches de sus familiares, pero siempre acompañadas de una persona especial que les dé un beso de despedida, lleno de carga emotiva, el último impulso. Momento en el que muchas deciden dejar el teléfono móvil para poder vivir esa oportunidad al máximo.
¿Dónde se encuentran previamente?
Aunque cada año cambia, se cita a las 146 candidatas hora y media antes de que dé comienzo el acto. Durante ese momento las aspirantes se encuentran en una sala en la que charlan y comentan sus inquietudes con el resto de compañeras. También se les sirve un pequeño tentempié en el que disfrutan de chucherías, papas y varios bocadillos para hacer menos larga la espera. Desde esa sala no tienen acceso a qué es lo que ocurre en el Roig Arena. En cierto modo, se encuentran aisladas, mientras están acompañadas por miembros de la Junta Central Fallera.
En la mayoría de las ocasiones, el presidente de Junta Central Fallera baja a la sala donde se encuentran para desearles suerte. Al llegar el momento de comenzar el acto, las candidatas siguen en la sala y no pueden ver lo que ocurre en el pabellón, al menos así ha sido hasta ahora en La Fonteta. Sí que presencian la despedida de las Falleras Mayores de Valencia, e inmediatamente después se preparan para desfilar. De este modo, solamente pueden escuchar qué es lo que ocurre, pero no ven nada más.
Una vez llega el momento de desfilar, las 146 falleras se preparan y desfilan, desde hace ya casi 20 años por sectores, para así llevar un orden. Mientras van saliendo, van subiendo hacía las gradas, para así poder ver al resto de sus compañeras y disfrutar del espectáculo.
¿Qué pasa con las 120 candidatas restantes?
Al llegar el momento de leer los 13 nombres infantiles y mayores las candidatas esperan en varios accesos del pabellón. Ahí esperan en pequeños corros a que se escuche el nombre de cada una, mientras continúan acompañadas de miembros de JCF. Entretanto los primeros sollozos comienzan a aparecer. En la elección de la Corte de Honor de 2020 hubo confusiones en la lectura de nombres por problemas de sonido en esos accesos, un pequeño ejemplo del desafío logístico que existe detrás del glamour.
Mientras se canta el himno y se espera a que finalice el acto, se tiene en cuenta a las 26 elegidas. En cambio, nunca se sabe cómo se vive detrás. En cierto modo la gala de elección de Cortes de Honor es un acto pensado solo y exclusivamente para las elegidas.
Las otras sesenta candidatas tanto infantiles, como mayores, lo viven de una manera muy diferente. Es un momento de tensión y tristeza en muchos casos. Una vez ya se conocen los nombres, se lleva rápidamente a las 120 aspirantes restantes a la sala en la que han estado durante la gala. Los pasillos donde se encuentran se desalojan fugazmente para que puedan ser usados, por medios de comunicación y diferentes miembros de la JCF.
Las dos caras de la moneda
Una vez en la sala, sobre todo en el caso de las infantiles, se vive un momento triste, muchas niñas llorando por no haber podido lograr su sueño, después de muchos días de tensión. Y en el que las pequeñas esperan la llegada de sus familiares.
Aunque no siempre ocurre, en algunas ocasiones, el jurado que las ha acompañado en la aventura, baja a para felicitarlas por su enorme esfuerzo.
Esa es la ocasión en la que se palpa el gran cambio entre las 120 no elegidas, instante en el que se rompen muchos sueños de una manera cruel y, quizás con una tensión innecesaria. Mientras en otro lugar, se encuentra la otra cara de la moneda, las 26 elegidas están en un momento de felicidad, atienden a los medios y buscan ese abrazo cómplice con su familia. Por delante les queda el reto de llegar a ser Falleras Mayores de Valencia, pero comenzando el año que cambiará sus vidas y que las hará historia viva de las Fallas de Valencia.
Una noche que cambia vidas
Y es que la gala de Elección de Cortes de Honor no es solo un acto institucional ni un espectáculo brillante de luz, música y tradición. Es también la historia de cientos de niñas y jóvenes que entregan meses de ilusión por un sueño compartido: representar a València y a sus Fallas. En los abrazos, en las lágrimas contenidas, en los aplausos del público y en los silencios de las familias se esconde la verdadera esencia de esta noche mágica.
Cada nombre pronunciado sobre el escenario cambia el rumbo de una vida, pero también fortalece el espíritu colectivo de una fiesta que se reinventa cada año. Porque, aunque solo 26 son elegidas, todas dejan su huella en la memoria de un evento que simboliza la fuerza de la cultura valenciana y el orgullo de un pueblo que nunca deja de soñar.
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Claudia, Fallera Mayor Infantil de Plaza Segovia, deslumbra con una indumentaria impecable
Publicado
hace 6 horasen
11 febrero, 2026
Claudia, Fallera Mayor Infantil de la Plaza Segovia, vive un año que quedará para siempre en su memoria. Su elegancia, dulzura y pasión por las Fallas reflejan la ilusión de una niña que ha crecido rodeada de música, pólvora y tradición.
Además, Claudia ya ha demostrado su talento y carisma más allá de la indumentaria. La hemos visto brillar con su grupo de Playbacks, donde lograron alzarse con la victoria en el concurso organizado por la Junta Central Fallera. Criada como fallera de casal de toda la vida, sigue los pasos de su familia: al igual que su hermana Alejandra y sus primas, Claudia ha crecido inmersa en la tradición fallera, participando activamente en cada acto y celebrando cada festividad con la pasión que caracteriza a su familia y a la Plaza Segovia.
La conexión familiar con las Fallas es profunda: su madre, Susana Esteve Puchades, fue Corte de Honor en 2001, y hoy ese legado se refleja en la mirada y en el porte de Claudia.
Cada uno de los trajes que luce ha sido cuidadosamente confeccionado por Marian Indumentaria, combinando artesanía, historia y estética de la indumentaria valenciana. Cada pieza es un homenaje a la tradición y un testimonio del talento de los maestros artesanos que trabajan con seda, damasco, brocados y orfebrería.
Traje oficial en rosa antiguo
El traje oficial de Claudia destaca por la delicadeza del lampas de seda de Compañía Valenciana de la Seda en color rosa antiguo, modelo Santa Lucía. Las manteletas de Artesanía Viana y el cancán de Margarita Vercher aportan estructura y movimiento al conjunto, mientras que los zapatos de Creaciones Aurora y el aderezo de Máximo Betro completan la elegancia. Las peinetas de Flor de Aigua de Castillo Cinceladores añaden un toque de sofisticación discreta. Todo el conjunto transmite armonía y serenidad, reflejando la sensibilidad y la dulzura de Claudia.
Segundo traje en blanco
El segundo traje, modelo Alicia con fondo blanco de Mar de Seda, es un homenaje a la pureza y luminosidad infantil. Cada detalle, desde la textura de la seda hasta el acabado de los bordados, ha sido pensado para realzar la frescura y la inocencia de Claudia, al tiempo que mantiene la esencia clásica de la indumentaria valenciana. Este traje combina simplicidad y elegancia, convirtiéndose en una pieza que brilla por su delicadeza y equilibrio.
Brocatel familiar
El tercer traje es un testimonio de historia familiar y de emoción contenida. La falda es un brocatel de herencia familiar, que perteneció a su tía y fue lucida como Fallera Mayor en 1992, mientras que el corpiño es un damasco negro de Compañía Valenciana de la Seda. Las manteletas de Artesanía Viana, los zapatos de Creaciones Aurora, el aderezo de Alpama Joyeros y las peinetas de Castillo Cinceladores completan el conjunto. El cancán de Margarita Vercher aporta la amplitud necesaria para la movilidad de la niña durante los actos. Este traje no solo destaca por su belleza, sino por la emoción que encierra: es un vínculo tangible con la historia familiar y con la memoria de quienes hicieron brillar la tradición antes que ella.

Damasco ciruela
El cuarto traje, en damasco color ciruela de Compañía Valenciana de la Seda, combina fuerza y sofisticación. Las manteletas de Artesanía Viana, los zapatos de Creaciones Aurora y el aderezo de Máximo Betro mantienen la coherencia con el estilo clásico, mientras que las peinetas en tono cuero de Castillo Cinceladores aportan un toque de carácter. Este traje refleja presencia y madurez, ofreciendo un contraste elegante con la suavidad de los tonos anteriores, y demuestra la versatilidad y riqueza de la indumentaria valenciana.
Cada traje de Claudia no solo es una obra de artesanía, sino una expresión de historia, familia y sentimiento. Cada seda, cada brocado y cada aderezo transmiten la tradición de las Fallas y la pasión de quienes trabajan para mantenerla viva. Este año, Plaza Segovia no solo celebra a una Fallera Mayor Infantil radiante, sino también una historia de legado, ilusión y amor por la fiesta que une generaciones.
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