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La actual situación del mercado inmobiliario en venta y alquiler

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Solvia ofrece 1.500 viviendas para singles a 66.000€ de media

VALÈNCIA, 16 Ene. (EUROPA PRESS) – El precio de la vivienda en la Comunitat Valenciana frenará este año su incremento o incluso bajará ligeramente tras registrar en 2018 un aumento del precio medio de venta del 3,62%, y del alquiler de un 15,92%, que ha aumentado sobre todo en los barrios periféricos por la fuerte presión alcista registrada en años anteriores en los centros de las ciudades, según el informe de la Asociación de Inmobiliarias de la Comunitat Valenciana (ASICVA).

Al respecto, la presidenta de ASICVA, Nora García, acompañado del tesorero de la asociación, Óscar Amador, han ofrecido este miércoles una rueda de prensa para informar de la evolución del mercado en el último año, que ha situado el precio medio de venta en los 114.925 euros en 2018 y el alquiler en los 595 euros en 2018 en la Comunitat Valenciana.

En ese sentido, han advertido de que hay que estar «alerta» porque se está frenando la demanda en la Comunitat Valenciana y aunque los precios no han alcanzado los máximos previos a la burbuja inmobiliaria de 2007 «sí que hay indicios» y «el miedo existe en el sector».

Por ello, la presidenta de ASICVAL ha solicitado una reunión al Gobierno valenciano, para la que no han tenido respuesta, para trasladarle sus planteamientos para aumentar la oferta y controlar así los precios. Para ello, pide «combatir» los apartamentos turísticos y sobre todo dar mayor garantías a los propietarios. Por contra, ha advertido que fijar un precio máximo producirá el efecto contrario.

García ha explicado que el acusado repunte registrado en los dos últimos años es consecuencia de la recuperación económica y sobre todo de «la moda» de los apartamentos turísticos con una oferta de más de 5.000 inmuebles solo en la ciudad de València, de los que el 40% son de particulares. Sin embargo, ha señalado que comienza a detectarse que los propietarios han detectado que esta modalidad «no es tan bonita» y están volviendo al alquiler habitual.

Aún así ha abogado por controlar esta modalidad para paliar «la escasez» de oferta de alquiler habitual, provocada también por la paralización de las promociones de obra nueva, y controlar también el incremento de los precios.

Del mismo modo, considera «imprescindible» que las comunidades de propietarios tengan «voz y voto» sobre los alquiler turísticos, cree que los beneficios fiscales sobre el IBI son «interesantes pero insuficientes» y sobre todo pide aumentar las garantías en la ley de arrendamiento urbano para los propietarios en caso de impagos del inquilino porque ahora están «completamente desamparados».

Por contra, ha alertado de que el aumento en el tiempo legal de alquiler hace subir los precios y ha rechazado por completo fijar un precio máximo o «poner trabas» porque sería «contraproducente» y provocaría que los propietarios no sacarán al mercados los inmuebles.

Asimismo, ha comentado que la incidencia del Brexit «aún no es muy grande» aunque se empieza a notar ya que algunos ingleses comienzan a vender para regresar a sus país y prevé que esta tendencia continúe. Sin embargo, este descenso se verá compensando con el mercado chino que está comprando «muchísimo» para uso propio y como inversión.

EVOLUCIÓN DEL MERCADO
En concreto, el precio medio de la compra venta de viviendas usadas creció en 2018 un 3,62% en la Comunitat Valenciana hasta situarse en 114.925 euros mientras que el precio por metro cuadrado aumentó un 5,75% hasta los 1.008,5 euros lo que demuestra que cada vez se vende viviendas «más pequeñas pero más caras».

Por provincias, Alicante fue la que más aumentó el precio con un 4,47%, seguida del 3,36% de València y del 1,68% en Castellón. En las capitales el incremento fue del 9,08% en Alicante, del 6,12% en València y del 4,97% en Castellón.

El precio medio por metro cuadrado creció un 10,26% en la provincia de Alicante, un 2,29% en la de Valencia y un 0,08% en Castellón mientras que la subida en las capitales fue de, 8,87%, en València, del 7,43% en Alicante y del 7,41% en Castellón.

El fuerte incremento de los precios en las zonas céntricas de las ciudades ha desplazado las subidas a los barrios periféricos, que han registrados los mayores incrementos en el último año, provocados también por inversores que compraron a buenos precios en los años más bajos y tras una reforma los sacan ahora a la venta con incrementos de hasta el 300%.

Así, en la ciudad de València el distrito de Benimaclet el precio medio de venta ha aumentado un 59,10%, Pobles del Sud un 33,93%, Campanar un 24,02% y Algirós un 23,24%. Solo ha bajado Pobles de l’Oest un 9,83%.

Por su parte, el precio medio mensual de alquiler creció un 15,92% en la Comunitat. Por provincias, el incremento fue del 28,80% en valencia, del 8,99% en Castellón y del 1,40% en Alicante mientras que en las capitales de provincia el aumento fue del 27,52% en València, del 11,59% en Alicante y del 2,65% en Castellón.

Por su parte, el precio medio por m2 creció un 16% en la Comunitat: un 25,49% en Valencia, un 17,50% en Castellón y un 3,92% en Alicante. En las capitales el aumento fue del 20,63% en València, del 13,95% en Castellón y del 6,78% en Alicante.

En el alquiler, al igual que en la venta, los mayores incrementos se han registrado en la periferia con un incremento del 38,80% en Extramurs, del 37,80% en l’Olivereta o del 25,49% en Alguirós mientras que han bajado un 30% en Pobles del mSud y un 14,64% en Camins al Grau.

Estas estadísticas se basan en los informes de las 144 inmobiliarias asociadas a ASICVAL, que forma parte de la Federación de Asociaciones Inmobiliarias de España (FAI), con una cartera de 2.500 viviendas en venta.

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La OTAN alerta de la movilización del submarino ruso cargado con el arma del Apocalipsis

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La OTAN alerta de la movilización del submarino ruso cargado con el arma del Apocalipsis
EFE/ Emilio Naranjo/Archivo
El Belgorod. Imagen MARINA RUSA

Nueva alerta mundial. La movilización del submarino ruso K-329 Belgorod, equipado con el misil nuclear Poseidón, ha despertado las alertas de la OTAN, que ha puesto en aviso a los países aliados sobre la actual navegación de este buque bajo las aguas en el Ártico.

¿Por qué preocupa? Este sumergible respecto al resto de la flota naval de Rusia es que porta el denominado arma del Apocalipsis.

Capaz de crear un tsunami radiactivo

Se trata de un supertorpedo capaz de viajar hasta 10.000 kilómetros de distancia con total precisión y sin otorgar apenas opciones de ser detectado. Los expertos le atribuyen un alto poder destructor y, sobre todo, la posibilidad de generar tsunamis nucleares si explotan cerca de la costa. No obstante, tanto Rusia como Estados Unidos almacenan desde hace décadas en sus arsenales misiles intercontinentales tan importantes y letales como éste a la hora de causar daños.

Probar su efectividad

La Alianza sospecha que la intención del Kremlin es probar la efectividad del Poseidón y del propio Belgorod, según avanza el diario italiano ‘La Repubblica’. Este submarino fue botado el pasado mes de julio y es uno de los dos únicos de la flota que puede llevar a bordo el arma del Apocalipsis.

La diferencia es que su homólogo solo puede portar un torpedo. El Belgorod mide 184 metros de eslora y 15 de manga, puede viajar a unos 60 kilómetros por hora bajo el agua y pasar hasta 120 días sin tener que regresar a la superficie. El espionaje occidental insinúa que podría estar implicado en el reciente sabotaje a los dos ramales del gaseoducto Nord Stream en el Báltico, mientras la Inteligencia rusa afirma que la destrucción de estos tubos ha sido obra de la flota estadounidense presente en la zona. Washington avanzó el sábado que averiguar quién provocó estos ataques quizá no se sepa nunca.

La OTAN ha mantenido al Belgorod bajo su radar. Navega por el mar Blanco. Todo apunta a que Rusia experimentaría con el torpedo dentro de los límites del mar de Kara; es decir, en el Ártico y en zonas despobladas. Y, evidentemente, sin carga atómica. La elección puede deberse no solo a su lejanía, sino a comprobar una de las supuestas ventajas de este proyecto: la posibilidad de disparar el misil debajo de una gruesa capa de hielo y disipar cualquier rastro de calor. Por ese motivo, la actual movilización del Belgorod podría tratarse de una demostración a Occidente del arma nuclear submarina más sofisticada de Rusia y no de una amenaza real de guerra, aunque en el escenario actual en Ucrania cualquier ejercicio táctico es muy semejante a un peligro potencial.

El Poseidón es un ‘viejo’ conocido y ya se hablaba en 2015 como un supertorpedo capaz de cambiar las reglas de contravigilancia en el mar. Mide 20 metros de longitud y 2 de diámetro y se alimenta de un motor de propulsión nuclear, clave para desarrollar una velocidad superior a 150 kilómetros por hora y disponer de una autonomía nunca vista en este tipo de artefactos. El Kremlin lo dio a conocer en 2018 y lo calificó de instrumento para lograr la supremacía bélica en el mar.

Una de las armas más temidas de Rusia

Publicaciones especializadas en la guerra naval advertían este mismo año que el proyectil todavía no había sido desplegado, pero confirmaban la impresión de que cambiará los modelos de disuasión nuclear. De producirse, éste sería ahora el primer ensayo de un artefacto que esas mismas publicaciones consideran «una de las armas más temidas de Rusia».

¿Por qué? Lo primero, el Poseidón, también conocido como Status-6, no es estrictamente un torpedo. Es un dron submarino que puede pilotarse a distancia y guiarlo a un objetivo hasta una distancia de 10.000 kilómetros. Rusia ya experimentó a mediados del pasado siglo con megatorpedos capaces de atacar a corta distancia y hacer estallar una carga nuclear en el interior de un puerto. Pero no dejaban de ser proyectiles al uso con todas sus limitaciones técnicas y de precisión. El arma del Apocalipsis se acerca más al concepto de un aparato autopropulsado y guiado a distancia de alto rendimiento.

La carga nuclear puede explotar bajo el mar, lanzar al aire enormes masas de agua y generar un tsunami que produzca daños añadidos si lo hace cerca de la costa. La fantasía nacida alrededor del proyecto habla de olas gigantescas que arrasarían litorales completos.

Pero su mortal secreto parece consistir más bien en crear una lluvia radiactiva debido a la cominación de los componentes atómicos con el agua del mar que sí podría matar a un gran número de personas a corto plazo, además de contaminar amplias superficies de terreno durante décadas. Sirve para entenderlo la catástrofe de Chernóbil en 1986.

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