Los expertos aconsejan menos regalos para el día de Reyes: “Los niños acaban saturados”

“Menos es más” es la frase utilizada por los expertos para animar a los padres a evitar el exceso de regalos en el Día de Reyes con el objetivo de que los más pequeños aprendan a valorarlos y puedan disfrutarlos plenamente. En esta campaña navideña, la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes espera recuperar las cifras de ventas anteriores a la crisis económica y alcanzar en 2016 un crecimiento del 7 por ciento con respecto a 2015. Los juguetes estrella son las muñecas que aprenden a hablar con los niños, los juegos de mesa, las mascotas interactivas, los vehículos montables y los corre-pasillos para niños de cero a tres años, según los fabricantes.

“Nos pasamos en la cantidad de regalos, en los entornos familiares amplios de abuelos, tíos y primos y no pensamos demasiado en la calidad”, afirma la coach y consultora Noelia López-Cheda, quien invita a reflexionar sobre lo que los niños pueden necesitar por su edad y no dejarse llevar por lo bien que quedará un gran número de paquetes. Antes de apostar por los videojuegos, que lo único que hacen es “alterar la cabeza”, López-Cheda recomienda los juegos que les permitan interactuar y compartir el tiempo con otras personas.

Para evitar que la emoción les dure apenas unos segundos, la consultora plantea que “haya menos regalos para que los valoren más”. El número adecuado de regalos, en su opinión, dependerá del sentido común de cada familia, de las personas que intervengan, de su significado, de su valor sentimental o del esfuerzo que hayan supuesto.

El psicólogo Alberto Soler coincide en señalar que, “a veces, los niños se juntan con tantos regalos que acaban saturados, no saben a qué atender y cada regalo adicional lo que hace es devaluar el resto”. Soler subraya que el exceso les impide disfrutar verdaderamente de nada porque no pueden prestar atención a todo y tienen que dejar de lado algunas cosas. Por ello, destaca, “lo importante es que haya coordinación en la familia, que haya comunicación, que haya una negociación y que haya un acuerdo sobre quién hace qué tipo de regalos para evitar la saturación”.

Además de juguetes u objetos para llevar al colegio, se pueden regalar experiencias, sensaciones y planes, como entradas para un espectáculo o una merienda con los tíos o los abuelos, sugiere Soler. Para los más pequeños, aconseja los juegos de construcción o los puzzles, porque estimulan su creatividad, y aboga por introducir lo más tarde posible los juegos electrónicos o informáticos. En el caso de los adolescentes, indica, cuando se trata del primer dispositivo tecnológico, “nunca jamás se debe regalar sin que venga acompañado de un contrato con los padres, en el cual se estipule cuándo se puede utilizar, bajo qué condiciones y en qué momento se puede llegar a perder temporal o definitivamente el derecho de uso de ese dispositivo”.

“No pasa nada porque un niño tarde un poco más que sus amigos en tener un teléfono o una ‘tablet’. No se va a traumatizar y quizás va a aprender a disfrutar de otras cosas”, remarca el psicólogo. Ambos consideran que un libro es un regalo “fantástico” porque “hay mil opciones, favorece el desarrollo de la imaginación y la adquisición de velocidad lectora”. En el caso de los niños más pequeños que no saben leer, un libro implica compartir tiempo con sus padres, con sus abuelos o con otros familiares.

A menudo los padres, madres y familiares se empeñan por encontrar el regalo más grande, lo que está de moda, el más caro, el que más luces y colores tiene, etc… cuando aquello realmente importante es dedicar a tiempo, jugar y divertirse con ellos.

Daniela Martínez, psicóloga del gabinete psicopedagógico municipal de Mislata (Valencia) señala que 2compartir tiempo de ocio con los niños contribuye significativamente a un desarrollo afectivo óptimo, fortaleciendo su autoestima y ganando confianza y seguridad”.

Martínez coincide en que a los pequeños se les compra demasiados juguetes, especialmente en Navidad. Por lo que aconseja regalar menos cantidad para que “el menor perciba sus juguetes como objetos valiosos y exclusivos que debe cuidar, mientras que la sobrecarga, les resta valor además de obligarle a diversificar la atención entre todos ellos”.