Salud y Bienestar
La importancia de la preservación para ser madre después de un cáncer de mama
Publicado
hace 6 añosen
Valencia, 18 oct.- El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. Tan solo en España, cada año se diagnostican alrededor de 33.307 nuevos cánceres de mama. Susana, Irene y Estrella, tres mujeres afectadas por esta enfermedad que ganaron la batalla al cáncer, comparten su historia para dar fuerza y apoyo a las mujeres que hoy se encuentran en su misma situación.
Susana, una toledana de 42 años, ha podido hacer realidad su mayor deseo gracias al Programa gratuito “Ser Madre después del cáncer” que IVI puso en marcha en 2007. La mejor de las recompensas a una dura lucha por superar el cáncer de mama que truncó su vida hace 7 años.
“Cuando me diagnosticaron cáncer de mama, directamente pensé: Me muero. Me lo comunicó la radióloga de la Unidad de Mama de mi hospital. Y en el momento en que pronunció esas tres fatídicas palabras, me atravesaron como puñales. Cáncer de mama… En ese preciso instante dejé de escuchar. Ella seguía hablando, pero mi mundo se paró en seco. Estaban conmigo mis padres, mi hermana e incluso unas compañeras. Pero el tiempo se detuvo a mi alrededor y yo solo pensaba: Cáncer, me muero. Me invadió una sensación de mareo, lágrimas que caían de manera incontenible por mi cara, y el mismo pensamiento que me atormentaba”, explica Susana.
Y, como bien apunta metafóricamente, se bajó del tren y se centró en la frase de su radióloga: “Piensa que es un año malo, con tratamientos, pruebas y demás”. Susana solo tenía un objetivo: sobrevivir.
“Cáncer” sigue siendo una palabra que sentencia, pero que, a día de hoy, y gracias a la ciencia, no es esa losa que marca el final.
El caso de Susana estuvo rodeado de carambolas. A sus 36 años en el momento del diagnóstico, y sin hijos, tuvo que replantearse el rumbo de su vida y luchar, como ella bien dice, por ese comodín para poder ser madre en un futuro.
“Por suerte o por desgracia, tardé mucho más en encauzar el tema de la maternidad por la unidad que me trató. Radióloga, cirujano, cirujano plástico y oncólogo perfilaron los pasos a seguir para atajar cuanto antes mi cáncer. Pero la opción de ser madre en un futuro no se barajó en ningún momento. Y casi por casualidad, de repente, se me encendieron todas las alertas: ¿Y qué pasa si quiero ser madre? Soy yo, primera persona, mujer, y para mí era importante ser madre. Tuve la suerte de conocer a una persona que hizo sus prácticas de Biología en IVI, así que me habló de las opciones que ofrecíais para mujeres como yo, con una dura batalla por afrontar y una ilusión a la que me negaba a renunciar”, añade.
Es importante conocer las opciones para ser padre o madre después de un cáncer. La divulgación y concienciación al respecto, no solo en la unidad de ginecología, sino en todas las áreas involucradas en el diagnóstico y tratamiento del cáncer, ayudan a que los pacientes sean conscientes de que esto es una realidad, y no una posibilidad remota. Es posible ser madre después del cáncer.
“Yo tenía claro que quería preservar mis ovocitos, así que insistí a mi oncólogo y le dije que necesitaba hacerlo. Y que, si no podía darme el tiempo que necesitaba para vitrificar mis óvulos, que me dejara morir, pero que quería preservar. Quise luchar por ese comodín, por mi autonomía y libertad para decidir si quería ser madre, y la ciencia me brindaba la oportunidad de hacerlo. Debía aprovecharlo”, afirma.
Gracias a esto, y 7 años después, Susana es mamá reciente de un bebé de 4 meses llamado Manuel.
“Cuando se abre la veda y tu oncólogo te da vía libre es algo emocionante. Entras en IVI con otro color, lo vives todo intensamente, y cuando se materializa es magia. Instalaciones modernas, la mayor tecnología, punteros en muchísimas cosas, pero el trato humano es verdaderamente bueno, cercano, involucrado en cada momento del proceso. He sido una persona para ellos, no un número más como podía pensar de una empresa de esta envergadura. IVI me devolvió la ilusión al ver que hay un proyecto social que todo su equipo humano vive y comparte. Tiene un equipo de profesionales detrás que te cuidan con mimo; juegas con caballo ganador. Y el miedo está ahí, pero cuando ves la eco, ves cómo crece y cómo evoluciona, el miedo desaparece. La maternidad es una energía que trasciende, un poder que puede con y contra todo. Y cuando se materializa, se despierta por la mañana y te sonríe, y te mira como si estuviera viendo a Dios, te emocionas y todo tiene sentido. Algo por lo que has luchado tanto tiempo y que tienes justo entre tus brazos. El mayor regalo”, concluye.
Como Susana, Irene y Estrella, más de 800 mujeres han vitrificado sus ovocitos en IVI, tras su diagnóstico de cáncer de mama, dentro de su programa gratuito para pacientes oncológicos. Fruto de ello, ya son 29 los bebés nacidos después de que sus madres le ganaran la batalla a su enfermedad, a los que se sumarán los 7 que vienen en camino.
Irene y Estrella emocionadas, escuchan con cierto anhelo las palabras de Susana. Ellas aún esperan el alta para poder emprender su camino hacia la maternidad con la misma valentía con la que han superado su cáncer de mama. Para todas ellas, la esperanza futura de ser madres les ha llenado de fuerza para hacer frente al gran gigante llamado cáncer.
Miedo, preocupación, incertidumbre, dudas, cientos de dudas y el inmenso deseo de ser madres les unió con un único fin: aferrarse a la vida.
La ciencia avanza, y como bien apuntaba el padre de Estrella para buscar el lado positivo a la realidad de su hija: “Tienes que pensar que has tenido suerte. Y que si hubieras nacido hace 50 años, probablemente te hubieras muerto. Y si hubieras tenido esto hace 15, probablemente no hubieras podido ser madre”.
Y es que IVI hizo posible el nacimiento de los primeros niños del mundo provenientes de ovocitos vitrificados de pacientes con cáncer. Conocimiento y experiencia a disposición de iniciativas sociales como esta, que dan como resultado ilusiones hechas vida.
¿Puede la preservación de mi fertilidad empeorar mi cáncer?
Las pacientes diagnosticadas de cáncer que acuden a una consulta de reproducción asistida para informarse acerca de la preservación de ovocitos llegan asustadas, lógicamente. Les preocupan el tiempo y las complicaciones que se puedan generar. Pero lo cierto es que ni el tiempo ni las complicaciones son ahora un problema.
Datos publicados acerca del seguimiento de pacientes que se han estimulado para congelar ovocitos muestran los mismos resultados de supervivencia que las que no lo han hecho. La estimulación ovárica para obtener ovocitos a vitrificar no repercute en la evolución del cáncer, y más cuando en todo momento se colabora con el oncólogo para ajustar el proceso y la medicación y que no influya en el tratamiento posterior que vaya a recibir la paciente. El protocolo está perfectamente definido para cada caso.
La vitrificación de ovocitos es una ventana de oportunidad que las pacientes oncológicas pueden aprovechar para guardar un comodín futuro de ser madres.
Y, por último, surge la eterna duda: ¿Qué posibilidades tengo de que esto funcione?
Los resultados siempre van ligados a la edad a la que se congelan los ovocitos. Cuanto más joven es la paciente en el momento de la vitrificación, más posibilidades futuras tendrá de poder ser madre con sus propios ovocitos.
Fuerza, apoyo y empuje, hay esperanza después del cáncer
Susana, Irene y Estrella dedican unas palabras a las mujeres que, como ellas, atraviesan uno de los momentos más difíciles de sus vidas: su lucha contra el cáncer de mama:
“Sé fuerte, lucha, no estás sola. Sigue adelante porque tienes muchas posibilidades”.
“Nunca pierdas la sonrisa ni pienses que no lo vas a superar. No dejes de luchar, la vida te espera. Esto solo es un paréntesis y no debes renunciar a ningún plan futuro”.
“Hoy llóralo. Pero a partir de mañana normalízalo y hacia adelante. Es un año malo, pero se sale”.
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Salud y Bienestar
Carme, recibe un trasplante de cara de una donante que accedió a la eutanasia: «Mi vida empieza a ser mejor»
Publicado
hace 2 díasen
2 febrero, 2026
El Hospital Vall d’Hebron logra un hito mundial al planificar el primer trasplante facial a partir de una donación tras la prestación de ayuda para morir
BARCELONA, 2 de febrero de 2026 – Carme es la protagonista de un hito histórico en la medicina mundial: se ha convertido en la primera persona en recibir un trasplante de cara procedente de una donante que había recibido la eutanasia, una intervención pionera realizada en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.
“Mi vida empieza a ser mejor. Ya puedo comer, beber, salir a la calle y hacer una vida normal”, explica la paciente, que durante años convivió con graves secuelas tras sufrir una infección bacteriana que derivó en sepsis y le provocó una necrosis severa en el rostro.
De una picadura a la pérdida de media cara
Todo comenzó durante unas vacaciones en Canarias, cuando una picadura de insecto desencadenó una infección que la llevó a pasar por tres unidades de cuidados intensivos. Al salir, la enfermedad había destruido gran parte de su rostro: no podía abrir la boca, respirar con normalidad ni reconocerse físicamente.
“Hubo muchos profesionales que me dijeron que no había solución más allá de injertos parciales”, recuerda Carme. La situación cambió cuando conoció al doctor Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados de Vall d’Hebron, quien valoró la posibilidad de un trasplante facial.
Una donación excepcional tras la eutanasia
La intervención fue posible gracias a la decisión extraordinaria de una donante que había solicitado la prestación de ayuda para morir (PRAM). Además de donar sus órganos y tejidos, la paciente ofreció también la donación de la cara, una decisión que permitió planificar la cirugía con una precisión inédita.
“El grado de generosidad y madurez de esta donación es difícil de describir”, explica Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes del hospital. “Alguien que decide poner fin a su vida ofrece a otra persona una segunda oportunidad de esta magnitud”.
Cirugía de máxima complejidad y planificación milimétrica
Carme necesitaba un trasplante facial tipo 1, centrado en la parte media del rostro. Donante y receptora compartían sexo, grupo sanguíneo y características anatómicas compatibles.
Gracias a la planificación previa, se realizaron TACs de alta precisión, modelos tridimensionales impresos en 3D y guías de corte óseo personalizadas para lograr un encaje perfecto. También se diseñó una máscara de silicona para reconstruir el rostro de la donante tras la extracción.
Durante la intervención se trasplantaron piel, tejido adiposo, músculos faciales, nervios periféricos y hueso, en una operación que puede prolongarse entre 15 y 24 horas y que requiere la coordinación de cerca de un centenar de profesionales, incluidos más de 25 profesionales de enfermería.
Recuperación y rehabilitación facial
Tras la cirugía, Carme permaneció un mes ingresada, primero en la UCI y después en planta. La rehabilitación comenzó de forma temprana y continúa a diario para recuperar funciones esenciales como masticar, hablar, gesticular y expresar emociones.
“La cara inicialmente no se mueve; hay que reeducar los músculos y estimular la conexión nerviosa”, explica Daniela Issa, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. El proceso incluye también apoyo psicológico, clave para la adaptación a la nueva imagen corporal y al tratamiento inmunosupresor.
Vall d’Hebron, referente mundial en trasplantes faciales
En todo el mundo se han realizado 54 trasplantes de cara. En España, seis, y tres de ellos en Vall d’Hebron, que ya lideró en 2010 el primer trasplante total de cara del mundo y en 2015 el primero en asistolia controlada.
Solo una veintena de centros internacionales tienen capacidad para realizar este tipo de intervenciones, que exigen una altísima especialización médica, tecnológica y humana.
Para Carme, el resultado es claro: “Estoy aún recuperándome, pero sé que estaré bien”.
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