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Cultura

Mónica Motes, la joven promesa de la música valenciana

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Mónica Motes

Mónica Motes disfruta cantando. La música es algo fundamental en su vida. Sueña con llegar a ser una artista mientras estudia en Madrid. Hija del reconocido periodista valenciano Lluís Motes, Mónica se considera una persona inquieta, empática, sensible y a veces un poco impaciente.

Volcada en escribir sus primeros temas propios, sus miles de seguidores disfrutan en Instagram con sus versiones de otros intérpretes. Pasión que compagina con la carrera de ADE con Publicidad y Relaciones Públicas.

¿Quién es Mónica Motes?

Soy una chica de 18 años que se ha mudado a Madrid este año para estudiar la carrera que quería en la universidad y además perseguir mi sueño de llegar a ser artista algún día. Me considero una persona inquieta, empática, sensible y a veces un poco impaciente.

Mónica Motes

¿De dónde te viene esta pasión por la música?

Canto desde que era muy pequeña y la música siempre ha sido algo fundamental en mi vida. Es donde más me siento yo misma y me gustaría labrarme un futuro también en este mundo.

Siendo sincera no sé muy bien de dónde viene mi pasión por la música, ha sido así desde que tengo memoria. Echo la vista atrás y me acuerdo de cuando en Navidad preparaba conciertos para mi familia o de la primera canción que compuse con 7 años en casa de mi tía Maite; todo un éxito en las comidas familiares. Soñaba con ser la protagonista de algún musical…  Mamma Mia para ser exactos. Me aprendía las escenas de memoria y luego mi hermana Ana y yo se las representábamos a mis padres día sí día también.

Mónica Motes

¿Cuál es tu estilo?

La verdad es que aún estoy buscando mi estilo, pero por ahora donde más cómoda me siento es con el pop. Haciendo broma conmigo misma, siempre digo que solo escucho canciones de lágrimas y se podría decir que mis canciones favoritas para cantar son siempre baladas. Me identifico más con este tipo de canciones y me emocionan más tanto escucharlas como cantarlas. Las siento de verdad y creo que es algo fundamental para un cantante, para que lo que estás haciendo haga que las personas sientan algo al escucharte.

Mónica Motes

Por ahora haces versiones de otros autores, ¿cuándo veremos algo propio?

Pues justo ahora estoy intentando escribir mi primera canción “seria”. Ha sido ahora al mudarme a Madrid cuando he decidido ponerme de verdad a componer. Además, estoy de lleno con mis clases de guitarra porque pienso que es muy importante saber acompañarte con ella mientras cantas, y aún más a la hora de escribir.

Soy bastante exigente conmigo misma y muchas veces me dan ganas de borrar todo lo que he escrito porque siento que no está bien o que no es suficiente, pero un amigo que sabe mucho de esto me ha dicho que hay que acabar la canción, aunque tengas dudas porque al principio es normal, así que eso estoy haciendo. Para mi sorpresa cada vez me gusta más como está quedando y lo que más feliz me hace es que estoy consiguiendo expresar mis sentimientos en la letra. Soy nueva en esto y voy despacio, pero ojalá acabarla dentro de poco.

Mónica Motes

¿Cómo ves tu futuro en la música?

No sé cuál será mi futuro a nivel musical, pero sé que es una parte muy importante de mi vida y que forma parte de lo que soy. En ese sentido reconozco, soy consciente que vivir de la música es muy difícil hoy en día, que representa un enorme sacrificio, que también hay mucho talento en nuestro país y que muy poca gente lo consigue, pero estoy dispuesta a esforzarme por ello. La verdad, si tuviera que imaginar un sueño hecho realidad pues sería verme, en unos años, cantando mis propias canciones a la gente. Nada me haría más ilusión que poder llegar a las personas con mi música y que se identificasen con ella.

¿Qué opina tu familia de esta pasión?

Mi familia siempre me ha apoyado en todo. Como es lógico mis padres se preocupan por mi futuro y saben que es un mundo muy complicado, pero me ayudan siempre en absolutamente todo lo que necesito y me acompañan a todos lados. Me acuerdo mucho de mi tío Pepe, él en especial era el que más disfrutaba escuchándome cantar, era mi fan número uno. Era también un apasionado de la música y cada vez que me veía me enseñaba canciones nuevas. Confiaba mucho en mí y ojalá se sienta orgulloso de lo que vaya consiguiendo.

 

 

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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