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Compartir las contraseñas de Netflix ya tiene precio

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netflix contraseña precio
Netflix ha puesto precio a que tu amiga te preste su cuenta

Dejarle tu contraseña de Netflix a tu amiga tendrá precio a partir de ahora. La plataforma de contenido llevaba tiempo avisando: las contraseñas no se comparten. Ahora ya sabemos cómo harán para pararlo… Y cuánto dinero nos va a costar. Netflix compartía ayer en sus redes sociales un artículo de su web en el que explican cómo funcionarán las suscripciones.

5,99€: El precio de compartir cuenta en Netflix

Ese es el cambio más comentado. El precio que Netflix ha establecido para las cuentas que se abran en diferente localización es de 5,99€. Estas son ahora «subcuentas».  Vamos, el perfil que tienes en el Netflix de tus padres, de tus amigos, tus hermanos… Por el que ahora tienes que pagar… Y pelearte: hay un máximo establecido de dos cuentas. La empresa asegura, eso sí, que esto no afectará a la hora de ver tus películas o series cuando estés de viaje.

Estas medidas se empezarán a aplicar en Canadá, España, Nueva Zelanda y Portugal, aunque ya se habían aplicado medidas similares en otros países.

Más de 100 millones de hogares comparten contraseña de Netflix

Este es el argumento de la plataforma para instaurar los nuevos modelos de suscripción. Su artículo dice que la cantidad de casas en que se comparte la cuenta de Netflix «reduce su capacidad de invertir en la creación de grandes historias«.

El texto señala que los nuevos precios y normas son necesarios, porque los perfiles y la posibilidad de visionado en varias pantallas han causado «confusión» en los suscriptores acerca de «cuándo y cómo pueden compartir Netflix«. Estas cuentas «confundidas» empezarán a ser bloqueadas con las nuevas medidas.

#AdiósNetflix: El resultado de poner precio a las cuentas compartidas

Está por determinar si este nuevo modelo será rentable para la plataforma. Aunque, de esta manera, el precio de cada cuenta es mayor, la reacción general es altamente negativa. «Lo de Netflix» y #AdiósNetflix son tendencia en twitter. Los suscriptores no están contentos. Las redes se han inundado de mensajes críticos con la plataforma y de personas que advierten que cancelarán su suscripción. Otras plataformas audiovisuales menos estrictas con las contraseñas tienen suscripciones más baratas, lo que tampoco beneficia a Netflix.

 

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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