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Salud y Bienestar

¿Son peligrosas las manchas rojas de los huevos?

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¿Son peligrosas las manchas rojas de los huevos?

Seguro que más de una vez te has encontrado al romper un huevo con unas motas rojizas en la clara o la yema. ¿Qué son? ¿Significa que no se puede comer? ¿Es peligroso? Aunque pueda resultar asqueroso no representan el más mínimo riesgo para la salud.

En contra de los que muchos puedan pensar ni el huevo está en malas condiciones ni indican falta de frescura. Pero, entonces, ¿qué significan esas manchas?

¿Qué son esas manchas rojas en los huevos?

Esas manchas rojas son restos de sangre debidos a la ruptura de algún vaso sanguíneo o pequeños pedazos de tejido que el propio huevo ha arrastrado en su proceso de formación. Muchas veces son también de color marrón o blanquecino.

Existe la creencia popular de que es un signo de que el huevo ya ha sido fecundado y por eso rechazan ese tipo de huevo. Pero eso es un falso mito. No nos estamos comiendo un embrión.

Aunque no es peligroso, es mejor quitarlo antes de consumir el huevo con ayuda de un tenedor, cuchara o cuchillo.

¿Por qué se encuentra en ese lugar? La situación de la mancha en la clara o en la yema se debe a que la ruptura de la venita se ha producido en el interior del ovario. Mientras que la que aparece en la clara, procede del oviducto, que es el conducto que van recorriendo los óvulos mientras se desarrollan.

Este puede llegar a alcanzar hasta 70 centímetros de longitud en las gallinas adultas, y el huevo tarda un cierto tiempo en recorrerlo mientras se va formando hasta completar la cáscara antes de la puesta.

Los ovarios de las gallinas están repletos de esos diminutos vasos sanguíneos y es normal que alguno de ellos se rompa durante el proceso.

Pero aunque todos nos hemos encontrado alguna vez con uno, la presencia de esas marchitas rojas no es demasiado frecuente, se calcula que las tienen entre el 1 y el 3% de los huevos comercializados, porque en las revisiones que se hacen en los centros de selección suelen retirarse los que las tienen muy evidentes, y ya no llegan al mercado.

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Salud y Bienestar

Carme, recibe un trasplante de cara de una donante que accedió a la eutanasia: «Mi vida empieza a ser mejor»

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El Hospital Vall d’Hebron logra un hito mundial al planificar el primer trasplante facial a partir de una donación tras la prestación de ayuda para morir

BARCELONA, 2 de febrero de 2026 – Carme es la protagonista de un hito histórico en la medicina mundial: se ha convertido en la primera persona en recibir un trasplante de cara procedente de una donante que había recibido la eutanasia, una intervención pionera realizada en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

Mi vida empieza a ser mejor. Ya puedo comer, beber, salir a la calle y hacer una vida normal”, explica la paciente, que durante años convivió con graves secuelas tras sufrir una infección bacteriana que derivó en sepsis y le provocó una necrosis severa en el rostro.

De una picadura a la pérdida de media cara

Todo comenzó durante unas vacaciones en Canarias, cuando una picadura de insecto desencadenó una infección que la llevó a pasar por tres unidades de cuidados intensivos. Al salir, la enfermedad había destruido gran parte de su rostro: no podía abrir la boca, respirar con normalidad ni reconocerse físicamente.

“Hubo muchos profesionales que me dijeron que no había solución más allá de injertos parciales”, recuerda Carme. La situación cambió cuando conoció al doctor Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados de Vall d’Hebron, quien valoró la posibilidad de un trasplante facial.

Una donación excepcional tras la eutanasia

La intervención fue posible gracias a la decisión extraordinaria de una donante que había solicitado la prestación de ayuda para morir (PRAM). Además de donar sus órganos y tejidos, la paciente ofreció también la donación de la cara, una decisión que permitió planificar la cirugía con una precisión inédita.

“El grado de generosidad y madurez de esta donación es difícil de describir”, explica Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes del hospital. “Alguien que decide poner fin a su vida ofrece a otra persona una segunda oportunidad de esta magnitud”.

Cirugía de máxima complejidad y planificación milimétrica

Carme necesitaba un trasplante facial tipo 1, centrado en la parte media del rostro. Donante y receptora compartían sexo, grupo sanguíneo y características anatómicas compatibles.

Gracias a la planificación previa, se realizaron TACs de alta precisión, modelos tridimensionales impresos en 3D y guías de corte óseo personalizadas para lograr un encaje perfecto. También se diseñó una máscara de silicona para reconstruir el rostro de la donante tras la extracción.

Durante la intervención se trasplantaron piel, tejido adiposo, músculos faciales, nervios periféricos y hueso, en una operación que puede prolongarse entre 15 y 24 horas y que requiere la coordinación de cerca de un centenar de profesionales, incluidos más de 25 profesionales de enfermería.

Recuperación y rehabilitación facial

Tras la cirugía, Carme permaneció un mes ingresada, primero en la UCI y después en planta. La rehabilitación comenzó de forma temprana y continúa a diario para recuperar funciones esenciales como masticar, hablar, gesticular y expresar emociones.

“La cara inicialmente no se mueve; hay que reeducar los músculos y estimular la conexión nerviosa”, explica Daniela Issa, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. El proceso incluye también apoyo psicológico, clave para la adaptación a la nueva imagen corporal y al tratamiento inmunosupresor.

Vall d’Hebron, referente mundial en trasplantes faciales

En todo el mundo se han realizado 54 trasplantes de cara. En España, seis, y tres de ellos en Vall d’Hebron, que ya lideró en 2010 el primer trasplante total de cara del mundo y en 2015 el primero en asistolia controlada.

Solo una veintena de centros internacionales tienen capacidad para realizar este tipo de intervenciones, que exigen una altísima especialización médica, tecnológica y humana.

Para Carme, el resultado es claro: “Estoy aún recuperándome, pero sé que estaré bien”.

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