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Adiós al punto más negro de las carreteras españolas: hoy se inaugura la variante Cullera-Favara

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Hoy entra en servicio la variante de Cullera y Favara de la A-38. El ministro de Transportes, José Luis Ábalos, inaugura este nuevo tramo que supone el final del punto negro con mayor letalidad de la red viaria española, el antiguo y mortífero trazado de la N-332. Con un presupuesto de 150 millones de euros, es la mayor inversión efectuada nunca por el Gobierno Central en la comarca de la Ribera Baixa.

El tramo tiene tres enlaces: el de Favara, con una glorieta inferior que permite todos los movimientos entre la A-38 y la N-332; Cullera sur, similar al anterior; y Cullera norte, con forma de trompeta situado junto al Júcar, que ha requerido viaductos de vigas de hormigón pretensado. El elemento más destacado del tramo es el viaducto sobre el río Júcar, un arco metálico de 90 metros de luz con 1.400 toneladas de acero estructural.

En las obras se han ejecutado 27 estructuras del tronco, tres pasos superiores y 15 pasos inferiores. Para su cimentación se ha necesitado la instalación de 177 km de pilotes prefabricados de hormigón. Las estructuras tienen 1.075 vigas con una longitud de 24.065 m.

Con el objeto de «minimizar el impacto ambiental» se han llevado a cabo medidas de protección del suelo, de la fauna, pantallas acústicas, excavaciones arqueológicas, plantaciones e integración paisajística. La inversión total ha ascendido a 150 millones de euros, de los cuales casi 140 se corresponden al presupuesto de ejecución.

El nuevo tramo completa una autovía que se inicia en el enlace con la AP-7 en Almussafes, continua por la duplicación de la variante de Sollana, el tramo Sollana-Sueca y la variante de Sueca. La autovía está formada por dos calzadas con dos carriles de 3,50 metros cada una y arcenes interiores de 1,50 metros con exteriores de 2,50. La mediana es de dos metros y el radio mínimo del tronco de la autovía es de 1.000 m, con una pendiente máxima del 3,34%.

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La Audiencia Nacional archiva la investigación penal del apagón y descarta un sabotaje terrorista

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Última hora apagón

El juez concluye que no existen indicios de terrorismo ni ciberataque y apunta a un conflicto civil o administrativo por el control de la tensión eléctrica.

La Audiencia Nacional (AN) ha archivado la investigación penal abierta tras el apagón eléctrico del 28 de abril, al descartar que el histórico cero energético tuviera su origen en un sabotaje terrorista o un ciberataque. El magistrado José Luis Calama determina que no existe “ni el mínimo indicio” de una acción delictiva y sitúa el origen del incidente en una disfunción del sistema eléctrico.

En un auto difundido este lunes, el titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 decreta el sobreseimiento provisional de la causa y concluye que lo ocurrido responde a un conflicto de naturaleza administrativa y/o civil entre los distintos operadores del sector eléctrico, que deberá resolverse fuera de la vía penal.

Sin rastro de terrorismo ni ciberataque

El juez adopta esta decisión tras analizar los informes elaborados por diversos organismos especializados en ciberseguridad y lucha antiterrorista. Todos ellos coinciden en descartar de forma absoluta que el apagón se produjera por una acción externa, ya fuera de grupos terroristas, actores estatales o redes de cibercrimen.

Entre los análisis examinados figuran los del Centro Criptológico Nacional, el Mando Conjunto del Ciberespacio, el Instituto Nacional de Ciberseguridad y la Oficina de Coordinación de Ciberseguridad, ninguno de los cuales detectó intrusiones, ataques informáticos ni actividades maliciosas en los sistemas eléctricos.

Un conflicto por el control de la tensión eléctrica

Lejos de la hipótesis del sabotaje, el auto judicial señala que el apagón tuvo un origen multifactorial, vinculado principalmente a problemas en el control de la tensión del sistema eléctrico. Según el informe del Ministerio para la Transición Ecológica, citado por el juez, se produjo una combinación de factores técnicos.

Entre ellos destacan una programación insuficiente de centrales síncronas, el hecho de que algunas centrales capaces de regular la tensión no respondieran adecuadamente a las consignas de Red Eléctrica y la aparición de oscilaciones y desconexiones de determinadas instalaciones de generación, algunas de ellas aparentemente indebidas.

El magistrado subraya que no faltaban recursos en el sistema eléctrico español, sino que estos no fueron gestionados o utilizados de forma adecuada, lo que derivó en el colapso.

La vía penal queda cerrada

En su resolución, Calama insiste en que no aprecia indicios delictivos y que, por tanto, el caso debe quedar fuera del ámbito penal. El conflicto entre Red Eléctrica y las compañías eléctricas deberá resolverse, en su caso, por la vía administrativa o civil, donde ya actúan otros organismos reguladores.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) mantiene abierta su propia investigación y podría imponer sanciones económicas o incluso retirar autorizaciones para operar, además de abrir la puerta a futuras reclamaciones por daños y perjuicios.

Con este auto, la Audiencia Nacional cierra definitivamente la hipótesis de un apagón provocado por terrorismo o ciberataque, y centra el foco en las responsabilidades técnicas y de gestión dentro del sistema eléctrico.

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