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Valencia

Bravo tilda de machistas a los que la han criticado por sus declaraciones sobre Oltra

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Gabriela Bravo.
València, 12 may (OFFICIAL PRESS- EFE).- La consellera de Justicia, Gabriela Bravo, ha asegurado este jueves que no ha pedido la dimisión de la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra, ni ha dirigido «ningún mensaje a nadie», al tiempo que ha tildado de «machistas» las críticas hacia ella.

Bravo ha hecho estas declaraciones tras presentar el modelo de ordenanza municipal para la abolición de la prostitución, que prohíbe y sanciona la demanda y reconoce a la mujer como víctima de violencia de genero.

El alcalde de València y coportavoz de Compromís, Joan Ribó, dijo ayer que él no elegiría a Bravo como «ejemplo de lealtad institucional», al ser preguntado por unas declaraciones anteriores de la consellera, en las que se refirió a la situación de la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, y su posible dimisión en caso de ser imputada y dijo que ella se «lo plantearía».

Bravo dijo, en declaraciones a la COPE, que cada uno «es dueño de sus decisiones, tiene su escala de valores y debe tomar sus decisiones», al tiempo que añadió que en su caso, «ante una situación en la que se compromete la credibilidad de la institución» a la que representa, ella se lo «plantearía».

Preguntada por las críticas de Ribó, Bravo ha asegurado este jueves que: «no hice ninguna manifestación sobre Mónica Oltra, manifesté una opinión personal ante la posibilidad de una imputación y de comprometer la credibilidad de la institución».

«Ante esa posible situación, mi opinión personal, sin dirigir ningún mensaje a nadie, dije que me lo plantearía. Como mínimo me lo tendré que plantear, porque estoy representando a una institución a la que debo proteger. Ni mandé ningún mensaje a una compañera de Gobierno ni dije que Oltra tuviese que dimitir», ha insistido.

«Si tiran de hemeroteca, en toda mi trayectoria profesional cuando se me ha preguntado por situaciones así, de cualquier personaje político, he dicho lo mismo, que es importante para la salud democrática distinguir entre responsabilidades penales y políticas», ha agregado.

Por otra parte, ha lamentado que, tras hacer uso de su derecho a la libertad de expresión y opinión, «que son derechos fundamentales medulares» -ha subrayado-, «haya sido objeto de críticas masivas, en algunos aspectos con sesgos machistas».

«Respeto las opiniones de Ribó y del resto de quienes han hecho manifestaciones en mi contra, creo que tienen derecho a expresarse, pero lamento haber sido objeto de críticas con ese sesgo machista. Viniendo de partidos de izquierda me parecen bastante intolerables».

Sobre la posible remodelación del Consell se ha limitado a subrayar que es el president quien tiene autoridad para decidirla y se ha mostrado convencida de que «tomará las mejores decisiones pensando en la ciudadanía».

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Valencia

El ‘basurazo’ en València y l’Horta genera polémica: ciudadanos y ayuntamientos en pie de guerra

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Tasa basura Valencia

La puesta en marcha de la nueva tasa de basuras, conocida popularmente como el «basurazo», ha generado tensiones y protestas en València y en el área metropolitana de l’Horta debido a su impacto en la gestión de residuos y en las economías familiares.

¿Qué es el «basurazo»?

El término «basurazo» se utiliza para referirse a la nueva tasa de residuos que deben aplicar los ayuntamientos en España para cumplir con la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular.

Esta normativa obliga a los municipios a establecer una tasa específica, no deficitaria, que cubra íntegramente el coste de la recogida y transporte de los residuos sólidos urbanos hasta las plantas de tratamiento.

En València, la tasa empezó a notificarse a partir del 1 de abril de 2026 a más de 440.000 viviendas, comunidades y locales, y su coste será calculado según parámetros como el consumo de agua anual, considerado un indicador indirecto de generación de residuos.

¿Por qué genera conflictos?

1. Carga económica directa a los ciudadanos

Con la entrada en vigor de esta nueva tasa, quien genera residuos debe asumir el coste real del servicio, algo que hasta ahora en muchos casos se financiaba con otros impuestos o por parte de los ayuntamientos.

En València, los recibos que ya se están empezando a emitir se consideran por algunos ciudadanos y partidos como un «impuesto excesivo», ya que se calcula en función de parámetros indirectos como el consumo de agua y no siempre guarda relación con la cantidad real de residuos generados.

2. Diferencias entre municipios

No existe un criterio único para calcular la tasa. Algunos ayuntamientos utilizan el consumo de agua, otros el valor catastral de la vivienda o incluso sistemas mixtos. Esto provoca grandes disparidades en los importes de la tasa entre diferentes ciudades.

3. Tensiones políticas y gestión local

Mientras que el Gobierno central defiende que esta tasa responde a la normativa europea y a la necesidad de asegurar la financiación de los servicios de recogida, algunos consistorios critican que la falta de directrices claras ha forzado una implementación apresurada que recae directamente sobre los ciudadanos.

Impacto en los ciudadanos y la economía doméstica

La tasa de basuras ha sido uno de los factores que ha impulsado el incremento del coste de la gestión de residuos en el Índice de Precios al Consumo (IPC), llegando a registrar subidas por encima de la inflación general en España.

En València, por ejemplo, la tasa es de las más altas del país comparada con otras capitales, algo que ha elevado las quejas de vecinos y asociaciones.

¿Qué sigue ahora con la gestión de residuos?

La gestión integral de residuos urbanos —que incluye recogida, transporte, tratamiento y eliminación— es un servicio esencial para cualquier ciudad y tiene efectos ambientales, sociales y económicos importantes.

La implantación del «basurazo» busca incentivar una gestión más sostenible, aplicar el principio de «quien contamina, paga» y asegurar que los costes no recaen íntegramente en los presupuestos municipales, sino en quienes generan los desechos.

Sin embargo, el debate continúa entre quienes consideran que esta tasa es necesaria para modernizar la gestión de residuos y quienes creen que su implantación actual carece de criterios claros y puede generar desigualdades y cargas excesivas.

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