¿Se puede volver a romper un ligamento cruzado?, por Enrique Gastaldi

Enrique Gastaldi-Orquín
Hospital 9 de Octubre
Valencia

Hace unos meses asistí al partido de fútbol entre el Villarreal y el Atlético de Madrid. Hacía un tiempo que no me pasaba por el Madrigal. No por falta de ganas; sino por falta de tiempo. Un placer volver a ver a mis amigos del submarino amarillo, que siempre nos han tratado tan bien a mí, y sobre todo, a mi padre.
Como sabeis, el portero del Villarreal, Asenjo, se lesionó al caer de un salto. Lo vi en el campo y la repetición que mostraron los monitores, tomas magníficas, me lo dejaron claro:
• “Se ha roto el cruzado”, le dije a mi contertulio.
• “Pero si ya está operado”, me respondió.
Y es que es así. Lamentablemente se puede romper de nuevo. Yo les digo a los que opero: “Si te has roto lo que Dios te ha dado, te puedes romper lo que yo te ponga”.
De ahí el temor que tienen los deportistas que sufren esta lesión, y que les incapacita para jugar más de seis meses, de volver a sufrirla.
Y es que en la mayoría de las ocasiones se lo rompen ellos solitos. No intervienen traumatismos externos. Como se vió en el caso referido, el jugador salta, y al caer la rodilla se le va hacia dentro (se llama desplazamiento en valgo) y el pie gira hacia fuera (rotación externa). Lo mismo sucede cuando un jugador va corriendo y hace una cambio de dirección brusco (otra imagen ilustrativa es la lesión de Jesé, el jugador del Real Madrid).
Son gestos deportivos más que habituales; pero en un momento dado, sobrepasan la capacidad de resistencia del ligamento, y éste se rompe.
El ligamento cruzado anterior (LCA) interviene en los mecanismos de giro y pivotaje estabilizando la rodilla. Por eso cuando se rompe los lesionados refieren que “cuando intento hacer un giro la rodilla se me va”, les falla: es la inestabilidad.
Por este motivo el LCA debe ser reparado, sobre todo en pacientes que practican deportes de riesgo. Los fallos de rodilla son la expresión de un desplazamiento anómalo de la articulación y en este movimiento se pueden “cazar” los meniscos y romperlos, con lo cual el cuadro se agrava.
El problema de las roturas del LCA es que no se puede reparar, es decir, “coser el ligamento”, porque no cicatriza. (Aunque actualmente hay alguna técnica que lo intenta. Ya veremos…). Lo que hacemos es sustituirlo (reconstruirlo) por un tendón, habitualmente de la parte de atrás de la rodilla (isquiotibiales) o del tendón rotuliano (que está delante). También pueden utilizarse tendones de transplante.
El problema es que este injerto necesita, al menos, unos seis meses para que cicatrice (se incorpore) y adquiera una resistencia similar al ligamento original. Algunos tardan dos años. Y siempre será un sustituto.
Por este motivo se deben respetar los plazos mínimos de recuperación. Adelantarlos o forzar la marcha es luchar contra la naturaleza y supone un riesgo añadido de sufrir una re-ruptura.
Consideramos que cuando un ligamento operado se vuelve a romper antes de un año se trata de una complicación. A partir del año, se trataría de un nuevo accidente.
Estos casos suponen una nueva y más compleja reconsideración de la lesión. Analizar las causas, valorar el estado de la rodilla, el tipo de injerto que se utilizó, como se colocó, qué tipo de injerto vamos a utilizar, si se va a hacer en una o dos operaciones y más. Todo un programa estratégico para el cirujano. Y todo un problema de recuperación para lesionado.
Porque si tras una cirugía del LCA, un 30% de deportistas operados en centros especializados, no vuelven a su nivel previo de actividad deportiva; tras una re-rotura habrá que considerar un porcentaje mayor.
Pero este es un reto de nuestro tiempo, que a mí personalmente, me apasiona. De hecho, en mi práctica cotidiana, estoy operando más revisiones de ligamentos que lesiones primarias. Será que voy peinando canas quirúrgicas.